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Macrobiótica
Observaciones de Ariel R. Barreras Enrich
En el primer acápite: “Filosofía del principio único” no queda clara esa afirmación y si hay ese Principio, no parece ser el mundo material, dado que dice que es una manifestación; por tanto, estamos en presencia de una argumentación dualista o una espiritualista solapada. En realidad se trata de una exposición sumamente vulgarizada de la Dialéctica de Hegel, aderezada con términos popularizados de la ciencia y la tecnología actual. Después de considerar que la mentalidad occidental solo puede asimilar una licuada información sobre el el yin y el yan, era de esperar el dislate que le sigue: los animales surgen de los vegetales, no de la diferenciación celular que enseñan en las escuelas.
Pudiera parecer loable trabajar porque los problemas de la humanidad se resuelvan comiendo; pero la dificultad reside en que primero deben tener acceso al alimento y antes de ello al trabajo y para trabajar hace falta tener tierra, herramientas, y empleo. Y lo más notable, las tres cuartas partes de la humanidad no tienen esa posibilidad. La macrobiótica no se pregunta las causas. Su objetivo es el individuo abstracto, ocupándose de si mismo, fuera de la sociedad, fuera de las leyes, fuera de la distribución, de la educación, de la política y de la cultura de su tiempo y lugar. Ese alimento de la macrobiótica aparenta llegar con más oportunidad pero de igual modo que el maná bíblico.
Macrobiótica
La macrobiótica (del griego μακρός, grande y βίος, vida) es una enseñanza creada por el pensador japonés George Ohsawa (1893-1966) y difundida a continuación por diversos de sus estudiantes.
Se trata de un sistema tanto filosófico como práctico: su objetivo es actualizar el antiguo principio único oriental (o principio del Yin y el Yang), que según Ohsawa constituye la base de la ciencia y de todas las filosofías y religiones de Extremo Oriente, con el fin de presentarlo de una manera comprensible para la mentalidad moderna.
Su especificidad es su aspecto pragmático: la macrobiótica pretende demostrar que la aplicación de este principio permite comprender y resolver los problemas concretos de la existencia. El vínculo entre la filosofía y la práctica se hace, en particular, a través de la alimentación: Ohsawa defiende la idea de qué comiendo según este principio (lo que equivaldría a decir "según las leyes de la naturaleza") el organismo se armoniza (o reencuentra la salud) y así el juicio se vuelve más claro, capaz de percibir la realidad (es decir, estas "leyes de la naturaleza") de una manera más precisa.
Contenido
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• 1 Filosofía del principio único
o 1.1 El mecanismo de creación
o 1.2 Yin y Yang
o 1.3 El orden del Universo
o 1.4 El juicio
• 2 La alimentación según la macrobiótica
o 2.1 Salud y enfermedad
• 3 El movimiento macrobiótico
o 3.1 Orígenes
o 3.2 George Ohsawa
o 3.3 Después de Ohsawa
o 3.4 La macrobiótica en América Latina
o 3.5 La macrobiótica en España
o 3.6 Algunos enseñantes macrobióticos
• 4 Bibliografía
o 4.1 Obras de George Ohsawa
o 4.2 Otros autores
o 4.3 Otras
• 5 Notas y referencias
• 6 Enlaces externos
[editar] Filosofía del principio único
Ohsawa explica que según este principio, al que también llama el "principio del monismo polarizable", el mundo materializado es una manifestación del Uno o Infinito: en un cierto momento, el Infinito indiferenciado se divide en dos fuerzas, una fuerza dilatadora (Yin) y una fuerza constrictiva (Yang); de esta manera, gracias al contraste, el Infinito se manifiesta pero se vuelve relativo, deja de formar una unidad.
Estas dos fuerzas intentan reunificarse eternamente (son opuestas, así que se atraen, pues cada una posee lo que le falta a la otra) y, a través de las interacciones que crean, producen todos los fenómenos.
Así, el mundo relativo o manifestado y el Infinito no-manifestado son la misma cosa pero se encuentran en una etapa diferente de evolución. Este punto de vista implica igualmente las nociones de unidad entre todas las cosas, de continuidad ininterrumpida y en cambio perpetuo.
Se encuentran estas nociones y esta denominación ("Principio Único" o "El Principio") en la mayoría de corrientes del pensamiento oriental.[1]
[editar] El mecanismo de creación
Para Ohsawa,[2] según esta cosmología, toda manifestación o creación sigue un mecanismo en espiral, que se explica como sigue:
El Uno o Infinito es "expansión";[3] cuando se divide, la fuerza constrictiva (Yang) se encuentra con la oposición de la fuerza expansiva (Yin), pero como sigue siendo alimentada en permanencia por esta "expansión infinita", quiere seguir avanzando. Entonces, trabada por la fuerza opuesta, su movimiento se curva; como este fenómeno es continuo, se va doblando sobre ella misma y se acaba produciendo el nacimiento de una espiral centrípeta o de creación.
La energía se sigue retorciendo y cuando llega al centro de la espiral explota y vuelve hacia el Infinito, formando espirales de descomposición donde el dominio de las fuerzas es el contrario, es decir que la fuerza expansiva es más fuerte (éste sería el fenómeno de la radiación).
Al desenrollarse, la fuerza de expansión se va debilitando y la de constricción acaba por dominar otra vez, y una nueva espiral de creación empieza. Éste sería el mecanismo eterno del universo. Según eso, toda cosa se crea y se deshace al mismo tiempo.
Ohsawa explica que la espiral de creación evoluciona en diversas etapas: la fuerza constringente se va concentrando y, en un momento dado, sobrepasa la resistencia contraria: se produce un salto, que la hace avanzar de una manera logarítmica. Con este salto, la calidad de la manifestación cambia de repente: se hace más "tangible", es el nacimiento de la energía. La energía sigue concentrándose y, según el mismo proceso, en un cierto momento se manifiesta de una manera más próxima de la materia: es el mundo de las partículas elementales. Este mundo continúa concentrándose y acaban apareciendo los elementos. El mundo mineral evoluciona y, de nuevo, a fuerza de acumulación de cantidad, se produce otro cambio cualitativo: se transforma en mundo orgánico, el de los vegetales. Y la evolución de estos organismos acaba creando el mundo animal.
Según esta lógica, el hombre se encuentra en el centro de la espiral: a través de él, por primera vez en este proceso, la vida materializada a partir del Infinito puede pensar, es decir, comprender el propio proceso de la materialización. El hombre sería así un "portador de vida",[4] la finalidad del cual es adquirir la conciencia; así, la vida puede volver hacia su origen enriquecida con esta conciencia obtenida gracias a ciertas vivencias únicas.
[editar] Yin y Yang
Ohsawa explica así las características de Yin y Yang:[5]
Yang es la fuerza centrípeta, de contracción, de constricción, de presión, de cohesión. Yang produce el sonido, el calor, la claridad, las radiaciones infrarrojas, la actividad, aquello que es seco, pesado, duro, las formas rechonchas, concentradas.
Yin es la fuerza centrífuga, de expansión, de dilatación, de dilución. Yin produce el silencio, el frío, la oscuridad, las radiaciones ultravioletas, la pasividad, la ligereza, la blandura, las formas verticales, espigadas.
Yin y Yang son las dos caras de una sola y única cosa; las dos se encuentran siempre presentes en cada fenómeno, habiendo siempre una que domina. Así que se dirá que algo "es Yin" o "es Yang" según se discierna cuál de las dos fuerzas es preponderante.
Toda cosa está equilibrada en sí misma; la clasificación es relativa: para considerar si algo es Yin o Yang se debe comparar con otra cosa. Por ejemplo, se dirá que "una zanahoria es más Yang que una lechuga, pero más Yin que un cereal".
Con respecto a los alimentos, se definen comparándolos con la composición de nuestra sangre (sobre todo la relación sodio/potasio). Para estar seguro de no equivocarse, Ohsawa recomienda utilizar diversos criterios simultáneamente, como la forma, el color, la composición química, el tropismo, etc.
El Yang y el Yin derivan uno del otro: las regiones frías producen animales y vegetales Yang; recíprocamente, los animales y los vegetales salidos de regiones Yang, es decir, cálidas, son Yin. Igualmente, el óvulo producido por el sexo femenino Yin, es Yang, mientras que al revés, el espermatozoide producido por el sexo masculino Yang, es Yin.
Así que, según esta visión del mundo, son Yin i Yang los que modelan las formas, hacen que un cuerpo sea pesado o ligero, tenga un cierto color, una cierta composición química, etc.
[editar] El orden del Universo
A través de 7 "leyes" y de los 12 "teoremas" que resultan, Ohsawa quiere resumir los principios que, según la cosmología extremo-oriental, constituyen "el orden del Universo", es decir, el funcionamiento del mundo manifestado. En su libro La Era Atómica, explica:
"El Orden del Universo está regido por siete principios que constituyen la lógica universal. Estos principios son, antes de nada, dinámicos; por eso son contrarios a la lógica formal, que es estática. Pueden ser aplicados a cualquier dominio, a cualquier nivel de la vida y a todas las cosas existentes en el universo de la relatividad. Además, pueden unificar todos los antagonismos.
La lógica formal es rígida, es una simple fotografía de un instante de la vida y del universo infinito, así que se convierte en algo infinitesimalmente analítico sin querer ni saber. En cambio, la lógica universal es una imagen viviente de toda vida y toda cosa. La lógica formal destruye la continuidad: el principio de identidad, el principio de contradicción y el principio del tercero excluido muestran tan sólo una imagen estática, finalizada, una imagen prisionera del mundo estático y determinado de las apariencias construida por nuestros sentidos o instrumentos. En realidad, todas las cosas de este mundo cambian sin cesar de un extremo al otro. No hay nada que sea estable o constante en este mundo relativo."
Las siete leyes del orden del Universo[6] [7]
1. Lo que tiene principio tiene fin.
2. Lo que tiene frente tiene dorso.
3. No hay nada idéntico.
4. Cuanto mayor es el frente, mayor el dorso.
5. Todos los antagonismos son complementarios.
6. Yin y Yang son las clasificaciones de toda polarización; son antagonistas y complementarios.
7. Yin y Yang son los dos brazos del Uno infinito
Los doce teoremas del principio único (definen el funcionamiento del mundo relativo)[8]
1. Yin-Yang son dos polos que entran en juego cuando la expansión infinita se manifiesta en el punto de bifurcación.
2. Yin-Yang están producidos en permanencia por la expansión trascendente.
3. Yin es centrífugo, Yang es centrípeto. Yin y Yang producen la energía.
4. Yin atrae Yang y Yang atrae Yin.
5. Yin y Yang combinados en proporciones variables producen todos los fenómenos.
6. Todos los fenómenos son efímeros, son constituciones infinitamente complejas y en cambio perpetuo de los componentes Yin y Yang. No hay nada en reposo.
7. Nada es completamente Yin o completamente Yang, ni siquiera el fenómeno más simple en apariencia. Cada cosa contiene la polaridad a todos los estadios de su composición.
8. Nada es neutro. Yin o Yang están en exceso en cada caso.
9. La fuerza de atracción es proporcional a la diferencia de los componentes Yin y Yang.
10. Yin repele Yin y Yang repele Yang. La repulsión es inversamente proporcional a la diferencia de las fuerzas Yin y Yang.
11. Con el tiempo y el espacio, Yin produce Yang y Yang produce Yin.
12. Todo cuerpo físico es Yang en el centro y Yin en la superficie.
[editar] El juicio
Como se ha visto, según esta enseñanza, la finalidad del hombre es la de desarrollar su juicio o conciencia:[9]
Según Ohsawa, en principio todo el mundo tiene la capacidad de percibir las cosas de una manera global o "suprema", es decir, de rebasar la visión dualista unificando los contrarios en un solo fenómeno, compuesto de una "cara" y de una "cruz". Ahora bien, esta capacidad "suprema" se encuentra en general "dormida" o "empañada" porque se le ha impedido desarrollarse libremente (a causa de la educación, de una alimentación inadaptada, etc.).
Si se parte del postulado que Yin y Yang forman una sola cosa, como las dos caras de la misma moneda, quiere decir que en realidad sólo hay "uno". Pero el humano, por el hecho de estar materializado y por lo tanto de formar parte del mundo relativo, sólo puede percibir una de las dos caras al mismo tiempo, excepto si reencuentra la capacidad de captar con su juicio global, aquél que no está dividido, que pertenece al propio Infinito. Dicho de otra manera, con el juicio del Amor absoluto, aquél que lo unifica todo (en japonés y en chino, se podrían traducir todos los Do o Tao por "caminos para alcanzar la unidad").
Ohsawa explica que hasta que no se llega a la etapa "suprema" se vive con los "bajos juicios" (o juicios parciales), es decir, que se tiene una visión dualista e irreal de cualquier situación (ver la noción de "maya", según la filosofía india). Pero como, según él, el juicio se desarrolla en espiral a través de diversas etapas, cada una de éstas forma sin embargo parte del juicio supremo. Dicho de otra manera, cada "bajo juicio" es el juicio "supremo" a un cierto estadio de su evolución.
Jacques Skalka,[10] un discípulo de George Ohsawa, lo explica así: funcionar con los bajos juicios es funcionar según su carácter, es decir, tomándose uno mismo o sus afinidades como punto de referencia; funcionar con el juicio supremo es cuando se llega a un estadio en el cual la referencia son las leyes de la orden del universo. Y añade que la macrobiótica es un truco que nos puede permitir funcionar como si ya tuviéramos el juicio supremo suscitado, ya que nos muestra como captar este orden universal de una manera intelectual.
Las etapas de la evolución del entendimiento, según George Ohsawa, son las siguientes:
1. Mecánica o ciega: Se reacciona de manera automática: contracción con el frío, dilatación con el calor...
2. Sensorial: Se reacciona y se juzgan las cosas según lo que parece agradable o desagradable.
3. Sentimental: Se juzga si algo es bueno o malo a través de los sentimientos.
4. Intelectual: Toma de conciencia de la interrelación existente entre uno mismo y el mundo exterior.
5. Social: Se toman en cuenta los otros para considerar si algo es conveniente o no.
6. Ideológica: Toma de conciencia de una cierta noción de "moral".
7. Suprema o global: Se conoce y se vive en la "justicia" (o según las "leyes universales"), convirtiéndose así en un hombre "libre" capaz de "crear" su propia vida.
[editar] La alimentación según la macrobiótica
Artículo principal: Alimentación macrobiótica
La alimentación macrobiótica en tanto que técnica, es una aplicación práctica y lógica de las nociones del principio único.[11] Según éste, el desarrollo global del hombre (tanto físico, como mental y espiritual) tendría que hacerse a solas de una manera natural. Si no es el caso, es porque se ponen trabas.
Toda cosa que vive es porque está alimentada; cada ser necesita una alimentación adaptada y, según esta visión del mundo, hay ciertos alimentos específicos para el hombre, en tanto que ser capaz de alcanzar la conciencia.
Así que la alimentación macrobiótica es una técnica que pretende alimentar el organismo de la manera más justa posible, sin carencias ni excesos (según las nociones de Yin y Yang), a fin de que éste pueda desarrollarse libremente, permitiendo que se adapte a las vicisitudes que tendrá que atravesar.
Como las situaciones cambian en permanencia, aplicar el estudio de Yin y Yang a la alimentación permite adaptarla constantemente, según la actividad, la edad o los objetivos de cada uno, por ejemplo. No hay, pues, ninguna prohibición alimenticia, sino una adaptación a cada caso particular. Ohsawa insiste mucho en el hecho de qué "la práctica sin la teoría es peligrosa, pero la teoría sin la práctica se inútil", y propone 10 regímenes equilibrados, yendo del más abierto al más estricto.
[editar] Salud y enfermedad
Según esta filosofía, sólo hay una única enfermedad universal y todo el resto son sus manifestaciones: se trata de la arrogancia, en tanto que expresión extrema del egocentrismo. El egocentrismo implica una falta de visión de conjunto; significa que uno se considera separado del resto. Esta visión dualista hará que, inevitablemente, cada decisión tomada en la vida, a cualquier nivel, estará dirigida por el carácter, el cual no tiene en cuenta que si hay "la cara", hay "la cruz". Eso se traducirá por un desequilibrio a todos los niveles: el organismo sufrirá las consecuencias, que se repercutirán sobre el comportamiento y el entendimiento. Cuando la "cruz" acabará por manifestarse, será aquello que se llama "enfermedad".
Así la "enfermedad", según la visión macrobiótica, es una reacción natural del cuerpo con el fin de reequilibrarse. Durante este proceso, éste elimina los excesos nocivos creando lo que se denomina "síntomas" y para ayudarlo, la macrobiótica preconiza hacerle el máximo de confianza, interviniendo lo menos posible para propiciar el fin de la "eliminación". Aquí es cuando se puede aplicar un régimen curativo, que consiste en comer de una manera más bien estricta (según un cierto equilibrio Yin-Yang) con el fin de no alimentar la enfermedad y permitir que la "limpieza" del organismo se realice de manera natural[12] .
Aun así, la macrobiótica curativa también utiliza diversos remedios externos y alimentos específicos, basados en la medicina tradicional extremo-oriental y en los propios hallazgos de George Ohsawa, el cual experimentó sobre sí mismo los efectos de numerosos alimentos.
Con respecto a la salud, la definición dada en macrobiótica también difiere de la visión habitual. Según esta lógica, si la "enfermedad" es la arrogancia, la "salud" es lo contrario, es decir la humildad (y no sólo a nivel del comportamiento, sino en tanto que estado profundo). Ohsawa propone siete condiciones que permiten medir la salud, especificando que la séptima tiene tanta importancia como las seis primeras reunidas.
Las siete condiciones de la salud:
1. No sentirse cansado (Llegar a no decir nunca "eso es imposible, es demasiado difícil".)
2. Dormir bien (Poder recuperarse completamente con cuatro a seis horas de sueño.)
3. Buen apetito (Poder comer un trozo de pan o un poco de arroz moreno encontrándolo delicioso.)
4. Buena memoria (Poder recordar todos aquéllos que nos han ayudado durante nuestra vida y antes.)
5. Buen humor (Llegar a considerar que toda cosa y todo el mundo es agradable.)
6. Rapidez de pensamiento y de acción (Poder actuar instantáneamente de forma justa y precisa cuando es necesario.)
7. Justicia (Experimentar el sentimiento permanente de gratitud.)
[editar] El movimiento macrobiótico
[editar] Orígenes
En la antigüedad, en griego, la palabra "macrobiótica" ya se utilizaba para designar un método de salud y de longevidad.[13] El año 1796, un médico alemán escribió uno tratado sobre la salud, donde preconizaba una vida sana basada en una buena alimentación, titulado Makrobiotik, oder die Kunst das menschliche Leben zu verlängern ("Macrobiótica, o el arte de prolongar la vida humana").[14] George Ohsawa adoptó esta denominación a partir del año 1938 con el fin de occidentalizar el nombre de su enseñanza, que en el Japón se llamaba simplemente "Principio Único".
Por su parte, en Oriente tradicionalmente siempre se ha relacionado la alimentación con la espiritualidad y con la salud (tanto personal como social). En los monasterios zen japoneses, por ejemplo, se practicaba un régimen llamado Shojin Ryori (精進料理), que era "la cocina que mejora el juicio".
El doctor japonés Sagen Ishizuka (1850 - 1909) puede ser considerado como el pionero de la "traducción" de estos conocimientos tradicionales al lenguaje científico. De forma precedente, otros autores ya habían empezado a hacerlo, como por ejemplo el erudito Ekiken Kaibara (1630 - 1716), los escritos del cual están reunidos en un libro titulado Yojokun ("Consejos para la longevidad").
[editar] George Ohsawa
Artículo principal: George Ohsawa
Uno de los grandes objetivos de George Ohsawa era unificar el pensamiento materialista occidental con aquél más metafísico de Oriente, ya que consideraba que así se podrían resolver los conflictos de la humanidad. Empujado por esta convicción, su vida fue una carrera a contra reloj para tratar de demostrar, por todos los medios posibles, el alcance y la eficacia práctica de su enseñanza. Por eso siempre se expresó sin concesiones.
Insistió, sobre todo, en qué era indispensable estudiar la dialéctica Yin-Yang y al mismo tiempo practicar y verificar por uno mismo, lo que implicaba una fuerte noción de "trabajo sobre sí mismo". Para él, el primer objetivo era el desarrollo del entendimiento ya que, obteniendo una visión más "justa", cualquier situación o interrogación se podrá comprender de una manera más global lo que permitirá de intervenir, o no, libremente y con conocimiento de causa.
[editar] Después de Ohsawa
Después de la muerte de Ohsawa, la macrobiótica se ha presentado principalmente como un método alimenticio para obtener una buena salud.
En los años setenta se extendió sobre todo con Michio Kushi (1926), un discípulo de George Ohsawa instalado en el Este de los Estados Unidos. Kushi ha desarrollado una enseñanza más consensual, colaborando con organismos oficiales (Ministerio de la Salud americano, Colegios de médicos, etc.) y ha insistido en su aspecto dietético y curativo. Ha divulgado igualmente un régimen estándar macrobiótico, fácil de adoptar sin muchos conocimientos, y ha asociado otras disciplinas (do in, shiatsu) y teorías (como aquella de los cinco elementos) para facilitar el acceso a un público más amplio.
La macrobiótica, sobre todo en tanto que dieta, ha tenido buena acogida en los países de influencia anglosajona y nórdicos (Holanda, Flandes, Alemania...[15] ) y hace tiempo que se ha convertido en un fenómeno de moda en los USA, a causa de los numerosos seguidores que cuenta entre las personalidades artísticas (sobre todo entre los músicos y los actores).[16]
A partir de los años noventa ha empezado a extenderse bastante por los países del antiguo Bloque del Este.[17]
[editar] La macrobiótica en América Latina
En América Latina la macrobiótica se ha propagado a través de tres focos principales: el de la "escuela" norteamericana de Michio Kushi, el del centro macrobiótico del Brasil, fundado por Tomio Kikuchi (discípulo de Ohsawa), y aquel vehiculado por Mauricio Waroquiers desde Uruguay, quien ha traducido al español y editado la mayoría de la literatura existente sobre la macrobiótica y temas afines.
[editar] La macrobiótica en España
La macrobiótica en el Estado español ha sido influida principalmente por la visión transmitida por Michio Kushi. También se ha hecho sentir, especialmente en Cataluña y en el País Vasco, la influencia de René Lévy, otro discípulo directo de George Ohsawa que anima un centro de enseñanza permanente a Saint-Gaudens, cerca de Toulouse.
[editar] Algunos enseñantes macrobióticos
Han creado centros de estudios importantes: Herman Aihara (1920 - 1998) en los EE.UU., Tomio Kikuchi (1926) en el Brasil, Michio Kushi (1926) en los EE.UU., René Lévy en Francia, Lima Ohsawa (1898 - 1999) en el Japón, Mario Pianesi en Italia, Françoise Rivière (1916 - 2006) en Francia, Jacques Skalka (1941 - 2002) en Bélgica.
Y también: Jean Baudry (ha realizado estudios a partir de la enseñanza de Ohsawa), William Dufty (1916 - 2002) (escritos propios y traducciones de Ohsawa en inglés), Marc Van Cauwenberghe (colaborador de Michio Kushi; compilador de conferencias y de textos dispersos de Ohsawa), Mauricio Waroquiers (traductor y editor de libros macrobióticos en español), Clim Yoshimi (- 1999) (secretario de Ohsawa, traductor de ciertas de sus obras al francés y editor de la revista Ignoramus).
[editar] Bibliografía
[editar] Obras de George Ohsawa
• El Orden del Universo
• Filosofía de la Medicina de Extremo Oriente
• Macrobiótica Zen (o "El Zen Macrobiótico")
• La Era Atómica y la Filosofía de Extremo Oriente
• El Libro del Judo
• Extractos de la "Guía Práctica de la Medicina Dietética Macrobiótica de Extremo Oriente"
• Jack y Mitie en la Jungla llamada Civilización
[editar] Otros autores
• C. Morishita y K. Chishima: La Desconocida Verdad del Cáncer
• Dirk Benedict: Confesiones de un Cow Boy Kamikaze
• William Dufty: Sugar Blues
• Herman Aihara: Macrobiótica Básica
• Michio Kushi: Introducción a la filosofía y medicina oriental, 1 y 2
• Michio Kushi: Diagnosis oriental
• Michio Kushi: Libro de la Macrobiótica
• R. E. Kotzsch: Ohsawa y la tradición religiosa del Japón
(Todas las obras editadas por Publicaciones GEA, Uruguay)
[editar] Otras
• Revistas Polarité (Jacques Skalka, editadas por el Centro Macrobiótico de Bélgica)
• Revistas Ignoramus (Françoise Rivière y Clim Yoshimi, editadas por el C.I.M.O. -Centro Internacional Macrobiótico Ohsawa-, París)
[editar] Notas y referencias
1. ↑ Véase taoismo, budismo mahayana y zen, advaita, sufismo...
2. ↑ Obras de consulta: La Era Atómica y la Filosofía de Extremo Oriente, El Orden del Universo (GEA) y Le Principe Unique de la Philosophie et de la Science d'Extrême-Orient (Vrin) de G. Ohsawa
3. ↑ El primer significado del concepto hindú del Brahman es "expansion".
4. ↑ Por "vida" aquí se entiende el propio Infinito no manifestado, la parte completa y sin dividir que habría en nosotros y en todas las cosas.
5. ↑ Obras de consulta: Filosofía de la Medicina de Extremo Oriente, de G. Ohsawa y Libro de la Macrobiótica, de Michio Kushi (GEA)
6. ↑ Obra de consulta: L'Ere Atomique (Librairie Philosophique J. Vrin, París), de G. Ohsawa.
7. ↑ En ciertas versiones popularizadas por discípulos de Ohsawa, el orden y el enunciado de estas leyes se encuentran modificados (hay que decir que el propio Ohsawa cambió levemente las siete leyes hasta su redacción definitiva de 1961, que es la que se presenta aquí).
8. ↑ Michio Kushi cambió el enunciado de los teoremas y los plasmó así:
1. El Uno infinito se manifiesta a si mismo en tendencias complementarias y antagónicas, Yin y Yang, en su eterna transformación.
2. Yin y yang se manifiestan continuamente desde el eterno movimiento universal del Uno infinito.
3. Yin representa la centrifugalidad. Yang representa la centripetalidad. Yin y Yang unidos producen energía y todos los fenómenos.
4. Yin atrae a Yang. Yang atrae a Yin.
5. Yin repele a Yin. Yang repele a Yang.
6. Yin y Yang combinados en proporciones variables producen diferentes fenómenos. La atracción y repulsión entre los fenómenos es proporcional a la diferencia de las fuerzas Yin y Yang.
7. Todos los fenómenos son efímeros, constantemente cambiando su condición de fuerzas Yin y Yang: Yin se cambia en Yang. Yang se cambia en Yin.
8. Nada es solamente Yin o solamente Yang. Todo está compuesto por las dos tendencias en distintos grados.
9. No hay nada neutro. Tanto Yin como Yang existen en exceso en cada circunstancia.
10. El gran Yin atrae al pequeño Yin. El gran Yang atrae al pequeño Yang.
11. El extremo Yin produce Yang, y extremo Yang produce Yin.
12. Todas las manifestaciones físicas son Yang en el centro y Yin en la superficie.
• ↑ Obras de consulta: Macrobiótica Zen, Filosofía de la Medicina de Extremo Oriente (GEA) de G. Ohsawa y revistas Polarité (CMB) de J. Skalka
• ↑ Jacques Skalka fundó el Centro Macrobiótico de Bélgica y editó la revista Polarité.
• ↑ Obra de consulta: Macrobiótica Zen (GEA) de G. Ohsawa
• ↑ El "régimen curativo", es decir, provisionalmente restrictivo, es el causante de una cierta imagen negativa de la macrobiótica, al confundirlo a menudo con el único régimen preconizado. Además, su aplicación sin los conocimientos adecuados puede resultar problemática en ciertos casos.
• ↑ Hipócrates y Heródoto hablan de los "macrobianos".
• ↑ Christoph Wilhelm Hufeland (1762 - 1836)
• ↑ Debido, sobre todo, a los estudiantes de Michio Kushi, que han creado influyentes centros macrobióticos en Boston, Amberes, Amsterdam y Londres, entre otros.
• ↑ Gwyneth Paltrow y Madonna o John Lennon y Yoko Ono
• ↑ Se han creado centros de diversa importancia en Rumanía, Serbia, Croacia, República Checa y Ucrania, entre otros.
[editar] Enlaces externos
• Librairie Philosophique J. Vrin, París (han publicado la casi totalidad de obras de Ohsawa en su versión original y directa en francés)
• Blog
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• Categoría: Doctrinas filosóficas
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domingo, 18 de julio de 2010
Transhumanismo
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Transhumanismo
Opinión de Ariel R. Barreras Enrich.
1. Puede observarse que el manejo de esta temática se hace desde posiciones elitistas vinculadas (afectiva, política o económicamente) a los generadores de la tecnología de punta, disponible solo para los ricos (compañías y laboratorios). El resto del planeta no tiene condiciones para entretenerse en estas especulaciones.
2. Como toda especulación de esta naturaleza, sus conceptos principales son vagos, maleables, esquivos, indefinidos, a fin de que no puedan ser criticados; por ejemplo: “mejorar la condición humana” ¿En que consiste la mejora? ¿Qué entienden por “condición humana?.
3. Una especulación que aspire a teoría, debe proponer o adquirir un modelo de referencia y tanto los indicadores y rasgos del transhumano y del posthumano están ausentes, es decir, igual que el modelo: no existen. Nada de esto es obstáculo para hacer reclamaciones legales y jurídicas; por ejemplo, que se reconozca el derecho de los individuos a admitir y someterse a tecnologías que puedan creer los llevaría a las categorías de transhumanos y poshumanos. ¿Qué se avizora con ese enfoque?
4. Primero, que deben ampliarse las leyes que protegen a los incapacitados mentales de sus propias decisiones; de modo que se agreguen los múltiples incapaces culturales que va creando la idiotización por los medios. Un triste ejemplo de esa superficialidad, en la década del 50 al 60 del siglo XX, es el caso de algunos millonarios con cáncer terminal que se hicieron congelar y almacenar, con la esperanza y las disposiciones económico-legales que estimaron, para ser reanimados y curados en décadas o siglos posteriores, cuando hubiera un tratamiento efectivo contra ese mal. Un mínimo conocimiento de fisiología les hubiera permitido comprender cómo estallan las membranas celulares cuando el protoplasma que contienen pasa de 4 grados centígrados a 0 grados. Peores cosas van a derivarse de estas especulaciones.
5. Lo segundo que puede inferirse es la gran posibilidad de experimentos extremos que podrían hacerse con impunidad, principalmente en el campo militar.
6. Tercero, el gran negocio de los trasplantes de partes humanas tendría un abastecimiento casi ilimitado, pues no se excluyen falsificaciones de identidad y de contratos que lleven a la mesa de experimentos a personas totalmente ajenas al proceso y sus intereses.
7. Cuál es la pretensión moral que estos pseudo filósofos pudieran inducir en nuestra especie para llevarla a abochornarse de si misma y pretenda ser ese ente indefinido de “transhumano” y “posthumano”.
Todas estas versiones que circulan desde fines del siglo XX son otras variantes del neomaltusianismo, dado que el sistema capitalista no puede controlar la natalidad y menos la desea la distribución de los bienes con justicia. Para el capitalismo llegó el momento de creer que sobran los trabajadores y los robots podrán sustituirlos, asi de simple. Hay que leer detrás de toda la palabrería que Internet y las editoriales quieren imponer con estos pensadores mediocres que se hacen famosos por simple repetición.
Transhumanismo
El Transhumanismo es tanto un concepto filosófico como un movimiento intelectual internacional que apoya el empleo de las nuevas ciencias y tecnologías para mejorar las capacidades mentales y físicas con el objeto de corregir lo que considera aspectos indeseables e innecesarios de la condición humana, como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento o incluso en última instancia la mortalidad. Los pensadores transhumanistas estudian las posibilidades y consecuencias de desarrollar y usar la tecnología con estos propósitos, preocupándose por estudiar tanto los peligros como los beneficios de estas manipulaciones. [1]
Aunque la primera vez que se usó el término transhumanismo data de 1957, el significado contemporáneo se desarrolló en la década de 1980, cuando un grupo de científicos, artistas y futuristas establecidos en los Estados Unidos empezó a organizar lo que desde entonces ha crecido hasta constituir el movimiento transhumanista. Los pensadores transhumanistas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta devenir en posthumanos. [2]
A pesar de lo reducido del número de personas que se calificarían a sí mismas como tales, las visiones transhumanistas de una humanidad futura profundamente transformada han atraído a un gran número tanto de críticos como de partidarios de todo tipo. Ha sido descrito por Francis Fukuyama como «la idea más peligrosa del mundo», [3] mientras que Ronald Bailey considera que es un «movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad». [4]
Contenido
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• 1 Historia
• 2 Objetivos
• 3 Posible dimensión espiritual
• 4 Ficción y arte
• 5 Críticas
o 5.1 Críticas de inviabilidad técnica
o 5.2 Críticas de inmoralidad
o 5.3 Críticas sobre la concepción del cuerpo humano
o 5.4 Críticas a la posible trivialización de la existencia humana
o 5.5 Críticas al desigual acceso a la tecnología
o 5.6 Críticas sobre las repercusiones en el orden social
o 5.7 Críticas al peligro de deshumanización
o 5.8 Amenaza de un regreso a la eugenesia coercitiva
o 5.9 Amenazas a la supervivencia del ser humano como especie
• 6 Referencias
• 7 Bibliografía adicional
• 8 Véase también
• 9 Enlaces externos
[editar] Historia
En su artículo «Una historia del pensamiento transhumanista», de 2005, el filósofo transhumanista Nick Bostrom encuentra precedentes del pensamiento transhumanista en expresiones mitológicas del deseo humano de adquirir nuevas capacidades. Bostrom, sin embargo, localiza las raíces más inmediatas del transhumanismo en el humanismo renacentista y en la Ilustración. Por ejemplo, Giovanni Pico della Mirandola animó a los hombres a «esculpir su propia estatua». René Descartes consideró la mejora humana uno de los frutos de su enfoque de la ciencia, y el Marqués de Condorcet fue el primer pensador que habla del empleo de la medicina para extender la esperanza de vida. En el siglo XX, un precursor directo e influyente del transhumanismo fue el ensayo de 1923 del genetista J.B.S. Haldane Daedalus: Science and the Future, que predecía el advenimiento de grandes beneficios resultado de la aplicación de la genética y otras ciencias recientes a la biología humana.[1] El biólogo Julian Huxley, hermano del escritor Aldous Huxley (y amigo en la infancia de Haldane), parece haber sido el primero en usar la palabra «transhumanismo», que definió en un escrito de 1957 como «el hombre sigue siendo hombre, pero trascendiéndose a sí mismo, al cobrar conciencia de las nuevas posibilidades de y para la naturaleza humana».[5] Esta definición difiere sustancialmente de la que se emplea desde la década de 1980.
A principios de los años 1960, el informático Marvin Minsky escribió sobre las relaciones entre la inteligencia humana y la artificial. [6] En las décadas siguientes, este campo siguió generando pensadores influyentes, como Hans Moravec y Raymond Kurzweil, quienes oscilan entre el ámbito técnico y las especulaciones futuristas de la rama transhumanista. [7] [8] La aparición de un movimiento que se puede identificar como transhumanista empezó en las últimas décadas del siglo XX. En 1966, FM-2030 (anteriormente F.M. Esfandiary), un futurista que enseñaba sobre «nuevos conceptos de lo humano» en The New School, Nueva York, empezó a identificar a la gente que adoptaba tecnologías, estilos de vida y puntos de vista sobre la transición a la «posthumanidad» como «transhumanos» (por «humano transitorio»).[9] En 1972 Robert Ettinger contribuyó a la conceptualización de «transhumanidad» en su libro Man into Superman.[10] En 1973 FM-2030 publicó el Upwingers Manifesto con el objetivo de estimular el activismo transhumanista consciente.[11]
Los primeros autodenominados transhumanistas se reunieron formalmente a principios de la década de 1980 en la Universidad de California, Los Ángeles, que pasó a ser el centro principal del pensamiento transhumanista. Allí, FM-2030 dio clases sobre sus ideas futuristas. En el local del EZTV, frecuentado por transhumanistas y otros futuristas, Natasha Vita-More presentó Breaking Away, su película experimental de 1980, que trata de la destrucción de las limitaciones biológicas y la gravedad terrestre a medida que se dirigen al espacio. [12] [13] FM-2030 y Vita-More empezaron a organizar encuentros de transhumanistas en Los Ángeles, a los que acudían estudiantes de los cursos de FM-2030 y público de las producciones artísticas de Vita-More. En 1982, Vita-More escribió el Transhumanist Arts Statement, y seis años más tarde produjo el programa de televisión por cable TransCentury Update sobre la transhumanidad, un programa que llegó a tener más de cien mil espectadores.[14]
En 1986, Eric Drexler publicó Engines of Creation: The Coming Era of Nanotechnology, [15] que discutía las posibilidades de la nanotecnología y los ensambladores moleculares, y fundó el Foresight Institute. Por su parte las oficinas del Alcor Life Extension Foundation, como sede de la primera organización sin ánimo de lucro destinada a la investigación y el fomento de la criónica, pasaron a ser un centro de importancia para los futuristas. En 1988, durante el auge de la cibercultura, el filósofo Max More fundó el Instituto Extropiano y, en 1990, fue el responsable principal de una doctrina formal transhumanista que tomó la forma de Principles of Extropy. [16] En 1990 estableció los fundamentos del transhumanismo moderno dándole una nueva definición: [17]
El transhumanismo es una clase de filosofías que buscan guiarnos hacia una condición posthumana. El transhumanismo comparte muchos elementos del humanismo, incluyendo un respeto por la razón y la ciencia, un compromiso con el progreso, y una valoración de la existencia humana (o transhumana) en esta vida. […] El transhumanismo difiere del humanismo en reconocer y anticipar las alteraciones radicales en la naturaleza y las posibilidades de nuestras vidas resultado de varias ciencias y tecnologías […].
En 1998 los filósofos Nick Bostrom y David Pearce fundaron la World Transhumanist Association (WTA), una organización internacional no gubernamental que trabaja por el reconocimiento del transhumanismo como un objeto legítimo de la investigación científica y la política. [18] En 1999, la WTA redactó y aprobó la Declaración Transhumanista. [19] The Transhumanist FAQ, preparado por la WTA, dio dos definiciones formales de transhumanismo: [20]
1: El movimiento intelectual y cultural que afirma la posibilidad y la deseabilidad de mejorar fundamentalmente la condición humana a través de la razón aplicada, especialmente desarrollando y haciendo disponibles tecnologías para eliminar el envejecimiento y mejorar en gran medida las capacidades intelectuales, físicas y psicológicas.
2: El estudio de las ramificaciones, promesas y peligros potenciales de las tecnologías que nos permitirán superar limitaciones humanas fundamentales, y el estudio relacionado de las materias éticas involucradas en desarrollar y emplear tales tecnologías.
Anders Sandberg, un académico y transhumanista prominente, ha recopilado varias definiciones similares. El término «transhumanismo» se emplea a menudo como sinónimo de «mejora humana». [21] El transhumanismo recibe a veces el nombre erróneo de «posthumanismo». Según una interpretación, el transhumanismo está subordinado a la crítica postmoderna del humanismo conocido como posthumanismo, [22] y aunque todos los transhumanistas pueden ser en este sentido posthumanistas, no se ha dicho, ni se debe decir, que todos los posthumanistas son transhumanistas.
En contraste con el Instituto Extropiano,[23] los miembros de la WTA consideran que el impacto tecnológico sobre la sociedad hace necesario prestar la misma atención a las cuestiones sociales que a las técnicas.[24] Una preocupación en particular es el acceso igualitario a las tecnologías de mejora humana de todas las clases sociales y regiones.[25] En 2006, una batalla política en el interior del movimiento transhumanista entre el liberalismo libertario y la izquierda liberal ascendente resultó en una reubicación de la WTA en el centro izquierda del espectro político bajo la dirección de James Hughes.[26] [25]
En 2006 el consejo directivo del Instituto Extropiano detuvo las operaciones de la organización y declararon que su misión estaba «esencialmente completada». [23] Esto dejó a la World Transhumanist Association como principal referente del movimiento transhumanista.
[editar] Objetivos
Aunque muchos teóricos y partidarios del transhumanismo buscan aplicar la razón, la ciencia y la tecnología para reducir la pobreza, las enfermedades, las discapacidades y la malnutrición en todo el mundo, el transhumanismo se distingue en su enfoque particular en la aplicación de las tecnologías para la mejora de los cuerpos humanos de forma individual. Muchos transhumanistas valoran activamente el potencial de las tecnologías futuras y los sistemas sociales innovadores para mejorar la calidad de toda vida, a la vez que tratan de hacer efectiva la igualdad consagrada en los sistemas políticos y legales democráticos mediante la eliminación de las enfermedades congénitas.
Los filósofos transhumanistas argumentan que no solo existe el imperativo ético perfeccionista de tratar de progresar y mejorar la condición humana, también es posible y deseable para la humanidad el entrar en una fase de la existencia posthumana, en la que los humanos controlen su propia evolución. En tal fase, la evolución natural sería reemplazada por el cambio deliberado.
Para lograrlo, los tranhumanistas siguen perspectivas interdisciplinares para entender y evaluar las posibilidades de superar las limitaciones biológicas. Recurren a la prospectiva y a varios campos de la ética como la bioética, principalmente, pero no de forma exclusiva desde una perspectiva humanista secular, socialmente progresista y políticamente liberal. Al contrario de muchos filósofos, críticos sociales y activistas que dan un valor moral a la preservación de los sistemas naturales, los transhumanistas ven el concepto mismo de lo «natural» como una nebulosa problemática en el mejor de los casos y un obstáculo al progreso en el peor.[27] A este respecto, muchos partidarios del transhumanismo se refieren conjuntamente a los críticos al transhumanismo de la derecha y la izquierda como «bioconservadores» o «bioluditas», término que alude al ludismo, movimiento social del siglo XIX que se oponía al reemplazo de trabajadores manuales por máquinas.[28]
Tecnologías convergentes, un informe de 2002 que explora las posibilidades de la sinergia entre la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y las cognitivas (NBIC) para mejorar la máquina humana.
Mientras que muchos transhumanistas adoptan una perspectiva abstracta y teórica sobre los beneficios de las tecnologías emergentes, otros han ofrecido propuestas específicas para modificar el cuerpo humano, algunas de ellas hereditarias. [29] Los transhumanistas a menudo están preocupados con los métodos de mejora del sistema nervioso humano. Aunque algunos proponen modificar el sistema nervioso periférico, mientras que el cerebro al ser considerado el denominador común de la humanidad se encuentra en el centro de las ambiciones transhumanistas.[30]
De forma más general, los transhumanistas apoyan la emergencia y convergencia de tecnologías como la nanotecnología, biotecnología, tecnología de la información, ciencia cognitiva (NBIC), y tecnologías futuras hipotéticas, como la realidad virtual, inteligencia artificial, transferencia mental y criónica. Creen que los humanos pueden y deberían usar estas tecnologías para volverse más que humanos.[31] Apoyan el reconocimiento o la protección de la libertad conginitica, la libertad morfológica y la libertad reproductiva como libertades civiles, para así garantizar a los individuos la elección de emplear las tecnologías de mejora humana en sí mismos y en sus hijos, y convertirse progresivamente en transhumanos y finalmente en posthumanos, lo que está considerado el clímax de la evolución participativa.[32] Algunos consideran que las técnicas de mejora humana y otras tecnologías emergentes podrían facilitar esta transformación a mediados del siglo XXI.[33]
Un informe de 2002 titulado Converging Technologies for Improving Human Performance, encargado por la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, contiene descripciones y comentarios sobre el estado de la ciencia y tecnología NBIC de destacados científicos de estos campos. El informe discute los usos potenciales de estas tecnologías para alcanzar las metas transhumanistas de mejora del rendimiento y de la salud y también, los trabajos actuales en la planificación de aplicaciones de esas tecnologías de mejora humana en el ejército y en la racionalización de la interfaz hombre máquina en la industria.[34]
Aunque los debates internacionales sobre las tecnologías convergentes y los conceptos de NBIC incluyen fuertes críticas a las orientaciones transhumanistas y su presunto carácter de ciencia ficción,[35] [36] [37] las investigaciones en tecnologías de alteración del cerebro y del cuerpo se han acelerado bajo el patrocinio del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que está interesado en las ventajas en el campo de batalla que proporcionarían los supersoldados.[38]
Algunos teóricos, como Raymond Kurzweil, creen que el ritmo de la evolución tecnológica se acelera progresivamente, y que en los siguientes cincuenta años no sólo aparecerán avances radicales, sino que sobrevendrá una singularidad tecnológica, que puede cambiar la naturaleza fundamental de los seres humanos.[33] Los transhumanistas que prevén este cambio masivo por lo general sostienen que es deseable. Sin embargo, también estudian los posibles peligros de un cambio tecnológico extremadamente rápido, y, consecuentemente, proponen opciones para asegurar que la tecnología sea usada de forma responsable. Por ejemplo, Bostrom ha escrito mucho acerca de los riesgos existenciales para el futuro bienestar de la humanidad, incluyendo los posibles riesgos de las tecnologías emergentes.[39]
En un ámbito más práctico, como proponentes del desarrollo personal y la modificación corporal, los transhumanistas tienden a emplear las tecnologías y técnicas existentes que supuestamente mejoran el rendimiento cognitivo y físico, y a seguir estilos de vida diseñados para mejorar la salud y la longevidad.[40] Dependiendo de su edad, algunos transhumanistas expresan su preocupación por no vivir lo suficiente como para disfrutar los beneficios de las tecnologías futuras. Sin embargo, muchos tienen gran interés en las estrategias de extensión de la vida, y en las investigaciones en criónica.[41] De esta forma se han tejido redes y comunidades transhumanistas regionales y globales para proporcionar apoyo a dichos objetivos y foros para la discusión de proyectos colaborativos.
[editar] Posible dimensión espiritual
Representación de una creciente complejidad de los organismos, algunos transhumanistas encuentran un sentido estético o teleológico en la evolución.
Aunque algunos transhumanistas muestran una fuerte espiritualidad, la mayoría no son creyentes. [cita requerida] Una minoría de transhumanistas, sin embargo, siguen formas liberales de tradiciones de la filosofía oriental como el budismo o el yoga o han mezclado sus ideas transhumanistas con religiones occidentales como el cristianismo liberal o el mormonismo.[18] [42] [43] A pesar de la actitud laica prevaleciente, algunos transhumanistas tienen esperanzas asociadas tradicionalmente a las religiones, como la inmortalidad.[44] Muchos nuevos movimientos religiosos, originados a finales del siglo XX, han abrazado explícitamente las metas transhumanistas de transformar la condición humana mediante la aplicación de la tecnología para la alteración de la mente y el cuerpo, como el Raelismo.[45] Mientras que la mayoría de pensadores asociados con el movimiento transhumanista se centran en las metas prácticas del empleo de la tecnología para ayudar a alcanzar vidas más largas y saludables, algunos consideran que la comprensión futura de la neuroteología y la aplicación de la neurotecnología permitirá a los humanos obtener un mayor control de los estados alterados de la conciencia, a menudo interpretados como «experiencias espirituales» y alcanzar de esta forma una mayor auto conciencia.[46]
La mayoría de transhumanistas son materialistas que no creen en un alma humana trascendente. La teoría transhumanista de la personalidad combate la identificación única de los actores y sujetos morales con humanos biológicos, y juzgan especista la exclusión de ciertos animales no humanos, así como los posibles parahumanos o inteligencias artificiales de las consideraciones éticas.[47] Muchos creen en la compatibilidad de la mente humana con el hardware informático, lo que implica la posibilidad teórica de que algún día la consciencia podría ser transferida a una base alternativa.[48] Una formulación extrema de esta idea puede encontrarse en la propuesta de Frank Tipler del Punto Omega. Recurriendo a ideas del digitalismo, Tipler aventuró que el colapso del Universo dentro de millones de años podría crear las condiciones necesarias para la perpetuación de la humanidad en una realidad simulada en un megacomputador, y alcanzar por tanto una forma de «dios posthumano». El pensamiento de Tipler está inspirado en las obras de Pierre Teilhard de Chardin, un paleontólogo y teólogo jesuita que ve un telos en el desarrollo de una noosfera, una conciencia global.[49] Este tipo de pensamiento teleológico también está presente en otros autores transhumanistas que han encontrado algunas referencias en el cosmismo ruso de principios del siglo XX.[50]
La idea de la transferencia de la personalidad a un sustrato no biológico y las asunciones consiguientes han recibido críticas de un amplio abanico de científicos y activistas, bien en relación al propio transhumanista, bien sobre el trabajo de pensadores concretos como Marvin Minsky o Hans Moravec, considerados los padres de este concepto. En relación a las asunciones consiguientes, por ejemplo, a la cibernética, algunos han dicho que esta esperanza materialista engendra un monismo espiritual, una variante del idealismo filosófico.[51] Vista desde una perspectiva fundamentalista cristiana, la idea de la transferencia mental representa la denigración del cuerpo humano característica de las creencias gnósticas.[52] El transhumanismo y sus progenitores intelectuales han sido descritos como neo-gnósticos por analistas no cristianos.[53] [54]
El primer diálogo entre el transhumanismo y la fe fue el punto central de un seminario académico que tuvo lugar en la Universidad de Toronto en 2004.[55] Como puede servir de depositaria de algunas de las esperanzas que la gente ha puesto tradicionalmente en la religión, los críticos religiosos y laicos han mantenido que el transhumanismo es, en sí mismo, una religión o, al menos, una pseudorreligión. Los transhumanistas responden que el transhumanismo no es una religión, aunque reconocen que algunas variedades de transhumanismo lo pueden ser según ciertos sentidos de la palabra. Los críticos religiosos acusan a la filosofía transhumanista de no ofrecer verdades eternas o una relación con lo divino. Comentaron que una filosofía privada de estas creencias deja a la humanidad a la deriva en el mar nublado del cinismo post-moderno y la anomia. Los transhumanistas responden que estas críticas reflejan un fallo al examinar el contenido real de la filosofía transhumanista, que, lejos del cinismo, hunde sus raíces en actitudes optimistas e idealistas que proceden de la Ilustración.[56]
[editar] Ficción y arte
Artículo principal: Transhumanismo en la ficción
Los temas transhumanistas han aparecido cada vez más en la literatura. La ciencia ficción contemporánea a menudo contiene elogios a la vida humana perfeccionada mediante la tecnología, establecida en sociedades utópicas o tecno-utópicas. Sin embargo, en muchas ocasiones se acompañan estos elogios de cautela. En los escenarios más pesimistas aparecen distopías en las que el uso de la bioingeniería ha producido horrores.
El género del ciberpunk, ejemplificado por la novela Neuromante de William Gibson (1984) y Schismatrix de Bruce Sterling (1985), se ha centrado en la modificación del cuerpo humano. En las décadas inmediatamente anteriores al surgimiento de un explícito movimiento transhumanista, surgieron dispersos elementos transhumanistas en diferentes obras de ficción científica, entre otras Slan (1940) de A. E. van Vogt; la serie Lazarus Long (1941-87) de Robert A. Heinlein; Yo, robot (1950) de Isaac Asimov; El fin de la infancia (1953) y 2001: Una odisea del espacio (1968) de Arthur C. Clarke; Ciberíada (1967) de Stanisław Lem. Las más importantes novelas que han encarado directamente los temas transhumanistas y han estimulado el debate son Blood Music (1985) de Greg Bear, The Xenogenesis Trilogy (1987–1989) de Octavia Butler; las novelas La Cultura (1987–2000) de Iain Banks; Mendigos en España (1990–94) de Nancy Kress; muchos trabajos de Greg Egan desde principios de la década de 1990, como Permutation City (1994) y Diáspora (1997); The Bohr Maker (1995) de Linda Nagata; Extensa (2002) y Perfekcyjna niedoskonałość (2003) de Jacek Dukaj; Oryx y Crake (2003) de Margaret Atwood; y las obras de Michel Houellebecq Las partículas elementales y La posibilidad de una isla.
Los entornos transhumanistas han adquirido popularidad en otros medios desde finales del siglo XX. Algunas obras con relación con el transhumanismo son las películas (Star Trek, 1979; Blade Runner, 1982; Gattaca, 1997; The Matrix, 1999), las series de televisión (Ancient de Stargate SG-1 y Borg de Star Trek), manga y anime (Ghost in the Shell, Neon Genesis Evangelion), juegos de rol (Transhuman Space), series (The Six Million Dollar Man, Futurama) y videojuegos (Deus Ex, Half-Life 2). Muchos de estos trabajos se consideran parte del movimiento cyberpunk, o del género denominado postcyberpunk.
Además de la obra de Natasha Vita-More, antes mencionada, el transhumanismo ha estado representado en las artes visuales por el Carnal Art, una forma de escultura originada por la artista francesa Orlan, que usa el cuerpo como medio y la cirugía plástica como método. El trabajo del artista australiano Stelarc se centra en la alteración de su cuerpo mediante prótesis robóticas e ingeniería de tejidos. Otros artistas cuyo trabajo coincidió con el florecimiento del transhumanismo y que exploraron temas relacionados con la transformación del cuerpo son la artista serbia Marina Abramović y el estadounidense Matthew Barney.
[editar] Críticas
Las críticas al transhumanismo proceden de dos puntos de vista: los que cuestionan la verosimilitud de las metas transhumanistas (críticas prácticas), y los que cuestionan los principios morales del transhumanismo (críticas éticas). Sin embargo, estas dos corrientes a menudo convergen y se solapan, particularmente cuando se considera la ética de cambiar la biología humana sin conocer por completo su funcionamiento.
Los críticos con el transhumanismo a menudo ven las metas transhumanistas como amenazas a los valores humanos. Algunos añaden que los esfuerzos transhumanistas de mejorar la condición humana podrían desviar recursos de búsqueda de posibles soluciones sociales. Como muchos transhumanistas apoyan cambios no tecnológicos de las sociedades, como la difusión de las libertades políticas y de procreación, y muchos críticos apoyan avances en áreas como las telecomunicaciones y la medicina, la diferencia a menudo es cuestión de énfasis. A veces, sin embargo, hay fuertes desacuerdos acerca de los principios involucrados, con visiones divergentes de la humanidad, la naturaleza humana y la moralidad de las aspiraciones transhumanistas. Al menos una de las autodenominadas organizaciones socialmente progresivas, el Center for Genetics and Society (centro para la genética y sociedad), ha nacido con la meta específica de oponerse a los objetivos transhumanistas que puedan conllevar modificaciones transgeneracionales de la biología humana, como la clonación humana y la aplicación de la ingeniería genética en humanos. En sintonía con esta organización, la publicación ecologista World Watch, detractora habitual de los organismos genéticamente modificados, ha mostrado su preocupación ante la posibilidad de aplicar tales tecnologías en humanos, dedicando un número a hacer un compendio de todas las líneas de crítica articuladas hasta el momento.[57]
[editar] Críticas de inviabilidad técnica
El sociólogo Max Dublin, en su libro Futurehype: The Tyranny of Prophecy (que se podría traducir como “Exagerando el futuro: la tiranía de la profecía”), comenta varias predicciones fallidas pasadas acerca del progreso tecnológico y argumenta que las predicciones futuristas modernas serán también desacertadas. También critica lo que ve como cientifismo, fanatismo y nihilismo en el transhumanismo y encuentra paralelismos históricos entre las religiones milenarias y las doctrinas marxistas.[58]
En su libro de 2002 Redesigning Humans: Our Inevitable Genetic Future ("Rediseñando humanos: nuestro inevitable futuro genético"), el biofísico Gregory Stock, a pesar de sus simpatías hacia el movimiento transhumanista, se muestra escéptico acerca de la viabilidad técnica o la posible popularidad de una cyborguización de la humanidad al estilo de la predicha por Raymond Kurzweil, Hans Moravec y Kevin Warwick. Cree que durante el siglo XXI, muchos humanos se integrarán profundamente en sistemas mecánicos, pero seguirán siendo principalmente biológicos y pronostica que los cambios principales en la forma y el carácter no provendrán del cyberware, sino de la manipulación directa de la genética, el metabolismo y la bioquímica.[59]
Los pensadores que defienden la verosimilitud del cambio tecnológico masivo a corto plazo enfatizan lo que describen como un patrón de incremento exponencial en las capacidades tecnológicas humanas. Este énfasis es muy claro en la obra de Damien Broderick, especialmente en The spike (1997) (La púa), que contiene pronósticos sobre un futuro radicalmente modificado. Kurzweil desarrolla esta línea con más detalle en su libro de 2005 The singularity is near (La singularidad está cerca). Broderick destaca que muchas de las predicciones que parecían imposibles en los inicios de la ciencia ficción se han cumplido, como la energía nuclear y los viajes espaciales a la luna. También argumenta que las predicciones actuales se basan en el racionalismo, y que observadores como Kurzweil han predicho con éxito pasadas innovaciones.[60]
[editar] Críticas de inmoralidad
Las acusaciones de inmoralidad proceden tanto de sectores religiosos como laicos.
La primera categoría se basa en lo supuestamente inapropiado del hecho de que los seres humanos se coloquen a sí mismos en el lugar de Dios. Este punto de vista está ejemplificado por la declaración del Vaticano de 2002 Comunión y corresponsabilidad: Personas humanas creadas a imagen de Dios,[61] en la que se declara que “Cambiar la identidad genética del hombre como persona humana mediante la producción de seres infrahumanos es radicalmente inmoral”, puesto que tal cosa supondría que “el hombre tiene pleno derecho de disponer de su propia naturaleza biológica”. Al mismo tiempo, califican la creación de un superhombre o de un ser espiritualmente superior como “impensable”, dado que la verdadera perfección sólo puede provenir de la experiencia religiosa.
La segunda categoría se centra en los intentos de alcanzar las metas humanistas mediante la modificación genética de los embriones humanos para crear “bebés de diseño”. Estas críticas ponen énfasis en la cuestión de la biocomplejidad y la impredecibilidad de los intentos para guíar el desarrollo de los productos de la evolución biológica. Este argumento, elaborado en particular por el teólogo Stuart Newman, se basa en que la clonación de animales es proclive a errores y perjudicial para el desarrollo del embrión. De acuerdo con esto, aplicar estos procesos a los embriones humanos crearía riesgos inaceptables, y realizar experimentos en humanos, particularmente los que tengan consecuencias biológicas permanentes, sería una violación clara de los principios que gobiernan la experimentación con humanos (véase la Declaración de Helsinki). Además, dado que obtener mejores resultados en la manipulación de otras especies no sería inmediatamente aplicable a los seres humanos sin previa experimentación, no cabría ningún camino ético para la manipulación genética de humanos en las etapas iniciales del desarrollo.[62]
Sin embargo, desde un punto de vista práctico, los protocolos internacionales sobre investigación de la condición humana no representan un obstáculo legal a los intentos de los transhumanistas de mejorar sus capacidades mediante la ingeniería genética. De acuerdo con la experta en leyes Kirsten Rabe Smolensky, las leyes existentes protegerían a los padres que eligiesen mejorar el genoma de sus hijos.[63]
Los pensadores religiosos que apoyan las metas transhumanistas, como los teólogos Ronald Cole-Turner y Ted Peters, rechazan el primer argumento, sosteniendo en cambio que la doctrina de la co-creación obliga al uso de la ingeniería genética para mejorar la biología humana.[64] [65]
Los transhumanistas y otros partidarios de la ingeniería genética no rechazan completamente el segundo argumento, pues hay una gran incertidumbre sobre los resultados de los experimentos en ingeniería genética en humanos. Sin embargo, los transhumanistas dicen que el mayor riesgo descansa en no usar ingeniería genética, porque las tecnologías actuales ya amenazan el entorno[66] y un gran número de humanos muere por causas potencialmente solucionables. Esto implica que los beneficios potenciales de las tecnologías de mejora humana superan los peligros potenciales, así que el imperativo moral, si hay alguno, sería empezar a usar estas tecnologías tan pronto como sea posible.[67] Además, los transhumanistas añaden que “alterar la naturaleza” es algo que los humanos han hecho durante milenios con beneficios tangibles.[68] Ante esto, el bioético James Hughes sugiere la posibilidad de construir modelos computerizados del genoma humano, así como de las proteínas y los tejidos que se encuentran codificados en el mismo. Los avances exponenciales en la bioinformática permitirán, según Hughes, anticipar los posibles efectos de la ingeniería genética en humanos mediante su previa experimentación en un modelo virtual.[24] Por su parte, el profesor de salud pública Gregory Stock considera los cromosomas artificiales como una opción más segura que las técnicas de ingeniería genética existentes.[69]
[editar] Críticas sobre la concepción del cuerpo humano
La filósofa Mary Midgley, en su libro de 1992 Science as Salvation, identificó el origen de la noción de alcanzar la inmortalidad mediante la trascendencia del cuerpo humano (recogido en la propuesta transhumanista de transferencia mental) en un grupo de pensadores científicos de principios del siglo XX, entre ellos J.B.S. Haldane. Midgley considera estas ideas «sueños y profecías cuasi-científicos» que involucran una visión escapista del cuerpo humano junto a «fantasías auto indulgentes y descontroladas». Su argumento se centra en lo que considera especulaciones pseudocientíficas, fantasías irracionales conducidas por el miedo a la muerte, y lo remoto de sus puntos de vista escatológicos.[70]
Lo que ha sido percibido como desdén por la carne en los escritos de Marvin Minksy, Hans Moravec y algunos transhumanistas, ha sido también el objetivo de otras críticas por lo que consideran que es una concepción instrumental del cuerpo humano.[22] Reflejando una línea de la críticas feministas al transhumanismo, la filósofa Susan Bardo considera «las obsesiones con la figura, la juventud y la perfección física contemporáneas», que considera afectan por igual a hombres y a mujeres, pero de formas distintas, como «las manifestaciones lógicas (aunque extremas) de las ansiedades y fantasías presentes en nuestra cultura».[71] Algunos críticos cuestionan otras implicaciones sociales del énfasis del movimiento en la modificación del cuerpo. El científico político Klaus-Gerd Giesen, en particular, ha declarado que la preocupación transhumanista en alterar el cuerpo humano representa la consecuencia final del individualismo y la mercantilización del cuerpo propia de la cultura de consumo.[72]
Nick Bostrom dice a este respecto que el deseo de rejuvenecimiento, en particular, y de trascender las limitaciones naturales del cuerpo humano, en general, es pancultural y panhistórico, y por tanto no guarda una correspondencia unívoca con la cultura del siglo XX. Argumenta que el programa transhumanista es un intento de canalizar ese deseo en un proyecto científico en consonancia con el Proyecto Genoma y alcanzar así la esperanza más antigua de la humanidad, y no una fantasía pueril o una tendencia social.[1]
[editar] Críticas a la posible trivialización de la existencia humana
En el libro de 2003 Enough: Staying Human in an Engineered Age, el ético ambientalista Bill McKibben argumentó extensamente contra buena parte de las tecnologías apoyadas por los transhumanistas, incluyendo la elección en la línea germinal, la nanomedicina y las estrategias de prolongación de la vida. Aseguraba que estaría moralmente mal que los humanos modificaran aspectos sustanciales de sí mismos (o de sus hijos) en un intento de superar limitaciones universales como el envejecimiento, la mortalidad, y la limitación biológica de las habilidades cognitivas o físicas. Los intentos de mejorarse a sí mismos a través de tal manipulación conllevarían eliminar las barreras que forman el necesario contexto de la experiencia humana y su libertad de elección. Argumenta que en un mundo donde tales limitaciones hubieran sido superadas por la tecnología, la vida humana habría dejado de tener sentido. Debería incluso renunciarse, según McKibben, al objetivo de la elección parental en la línea germinal con objetivos claramente terapéuticos, puesto que de permitirse no tardarían en surgir tentaciones de llevar la modificación a terrenos como el de las capacidades cognitivas. McKibben afirma que es posible que una sociedad renuncie voluntariamente a ciertas tecnologías y pone por ejemplo la China Ming, el Japón Tokugawa y a los actuales Amish.[73]
Los transhumanistas y otros partidarios de la modificación tecnológica de la biología humana, tales como el periodista científico Ronald Bailey, rechazan, por extremadamente subjetivas, las afirmaciones de que la vida sería percibida como carente de sentido si algunas de las limitaciones humanas fueran superadas gracias a las tecnologías de perfeccionamiento humano. Desde su punto de vista, dichas tecnologías no eliminarían el grueso de los retos a los que se enfrentan el individuo y la sociedad. Sugiere que una persona con mayores capacidades se enfrentaría a mayores y más complejos retos, y continuaría encontrando un sentido en la lucha por superarlos y alcanzar la perfección. Bailey también argumenta que los ejemplos históricos de McKibben son equívocos y que llevan a distintas conclusiones cuando se estudian con detenimiento.[74]
[editar] Críticas al desigual acceso a la tecnología
Algunos autores críticos con la corriente del transhumanismo libertario se han centrado en las consecuencias socioeconómicas que estas tecnologías tendrían sobre sociedades con crecientes desequilibrios en la renta. Bill McKibben, por ejemplo, sugiere que las tecnologías de perfeccionamiento humano estarían desproporcionadamente a disposición de aquellos con más recursos financieros, ampliando, por tanto, la brecha entre ricos y pobres y creando una brecha genética.[75] Lee Silver, biólogo y divulgador científico que acuñó el término reprogenética y que ha apoyado sus aplicaciones, ha mostrado, no obstante, su preocupación de que tales métodos podrían crear una sociedad profundamente dividida entre los que tienen acceso a tales tecnologías y los que no, si las reformas de carácter socialdemócrata continúan sin ir al paso del avance tecnológico.[76] Los críticos que expresan tales preocupaciones no aceptan necesariamente la tesis transhumanista de que la modificación genética sea un valor positivo; al parecer de algunos, debería ser desanimada, o incluso prohibida, puesto que dotaría de aún más poder a aquellos que ya son poderosos.
Estas críticas también son compartidas por los transhumanistas no-libertarios, especialmente los denominados transhumanistas democráticos en el seno de la WTA, que creen que los problemas sociales y ecológicos deben ser tratados mediante una combinación de reformas políticas y tecnológicas (tales como una renta básica universal o las energías alternativas). Por tanto, el bioético James Hughes, en su libro Citizen Cyborg: ¿Por qué las sociedades democráticas deben responder ante el hombre rediseñado del futuro? considera que los progresistas y en especial los tecno-progresistas deben formular y aplicar políticas públicas (tales como bonos de sanidad pública universal que cubran las tecnologías de perfeccionamiento humano) con el objetivo de atenuar la división causada por la disparidad en el acceso a las tecnologías emergentes, en lugar de sencillamente decidir prohibirlas. Esta última opción, argumenta, sería aún más peligrosa, pues podría agravar el problema, originando una situación en la que estas tecnologías solo estarían a disposición de los ricos, bien en el mercado negro o en países donde dicha prohibición no se aplicase.[77]
[editar] Críticas sobre las repercusiones en el orden social
Se han argumentado varios motivos por los que una sociedad que adoptase tecnologías de perfeccionamiento humano podría acercarse a la distopía descrita en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932). Ciertos autores, como Leon Kass, han mostrado su miedo a que las prácticas y las instituciones que consideramos fundamentales en una sociedad civilizada serían perjudicadas o destruidas.[78] En su libro de 2002 Our Posthuman Future, y en un artículo publicado en el 2004 en la revista Foreign Policy, el economista político y filósofo Francis Fukuyama se refiere al transhumanismo como una de las ideas más peligrosas del mundo puesto que, según él, podría minar los fundamentos igualitaristas de la democracia liberal a través de lo que llama la pérdida de un Factor X consustancial a la "naturaleza humana".[79] Por su parte, el filósofo social Jürgen Habermas usa un argumento similar en su libro de 2003 The Future of Human Nature, en el cual afirma que la autonomía moral depende de la no-dependencia de las decisiones unilaterales externas. Habermas afirma por tanto que la ética de la especie humana se socavaría mediante las modificaciones genéticas en el embrión.[80] Los críticos como Kass, Fukuyama, y varios autores cristianos mantienen la postura de que intentar modificar la biología humana no solo es intrínsecamente inmoral sino que supone una grave amenaza al orden social. En consecuencia afirman que la aplicación de dichas tecnologías llevaría a la naturalización de las jerarquías sociales o a facilitar nuevos métodos de control social en manos de regímenes totalitarios. El pionero de la inteligencia artificial Joseph Weizenbaum critica lo que considera tendencias misantrópicas en las ideas y en el lenguaje de algunos de sus colegas, en concreto en Marvin Minsky y Hans Moravec, que, al devaluar la importancia del organismo humano per se, apoyan un disurso que podría abrir el camino a políticas sociales segregantes o antidemocráticas.[81]
En un artículo publicado en el 2004 por la revista Reason, el libertario Ronald Bailey contestó los supuestos de Fukuyama argumentando que la igualdad política nunca ha estado basada en la biología humana. Afirma que el liberalismo no se asienta sobre la idea de la igualdad efectiva entre los seres humanos sino sobre la igualdad de derechos políticos ante la ley, constituyendo una igualdad de jure. Bailey indica que los efectos de la ingeniería genética bien podrían atenuar las desigualdades en lugar de exacerbarlas, poniendo a disposición de la mayoría lo que solía ser el privilegio de unos pocos. Desde este punto de vista, el liberalismo político constituye ya el marco para la solución de los derechos humanos o posthumanos, puesto que en tales sociedades la ley no distingue entre potenciales adquisitivos, educativos o genéticos.[4]
[editar] Críticas al peligro de deshumanización
Tanto el activista biopolítico Jeremy Rifkin como el biólogo Stuart Newman aceptan que la biotecnología tiene el poder de llevar a cambio profundas modificaciones en la identidad de los organismos. Sin embargo se oponen a la modificación genética de los humanos ante el temor de que se difumine la frontera entre el hombre y su creación.[82] [83] El filósofo Keekok Leeve considera tales cambios como producto de una acelerada modernización en la que la tecnología se ha usado para transformar lo natural en artefactual.[84] Llevado al extremo, esto podía llevar a la creación y esclavización de monstruos tales como clones humanos, quimeras y biorrobots. La posibilidad de llegar a tales escenarios ha provocado peticiones de una prohibición o moratoria indefinida internacional sobre la ingeniería genética en humanos.[85]
En la revista Reason, Ronald Bailey ha acusado a estas críticos de la investigación en animales de caer en el alarmismo cuando figuran que tales experimentos llevarán a la creación de criaturas subhumanas con una inteligencia o cerebro parecidos a los del ser humano. Bailey insiste en que el único objetivo de dichas investigaciones es lograr avances médicos.[86]
Una respuesta diferente procede de los teóricos de la personalidad, transhumanistas que objetan contra lo que consideran una antropomorfobia al estilo de lo que el escritor Isaac Asimov llamó el complejo de Frankenstein. Según su visión, cualquier clon humano, animal modificado o inteligencia artificial que demostrase ser autoconsciente, sería considerado una persona merecedora de respeto, dignidad y derechos de ciudadanía. Consecuentemente argumentan que el problema no estaría en la creación de supuestos monstruos, sino en el factor-repugnancia y en el especismo que juzgaría y trataría a tales seres como monstruosos.[18] [47]
[editar] Amenaza de un regreso a la eugenesia coercitiva
Algunos críticos al transhumanismo alegan que hay un sesgo en favor de los no discapacitados en conceptos como «limitaciones» y «mejora». Algunos incluso consideran las ideologías y los programas pasados de eugenesia coercitiva, darwinismo social y la búsqueda de una raza superior, como advertencias de lo que la aplicación de las tecnologías eugenésicas podría fomentar no intencionadamente. Algunos temen futuras guerras eugenésicas: el retorno a la discriminación genética promocionada por el estado, y violaciones de los derechos humanos tales como la esterilización obligatoria o incluso el asesinato de personas con defectos genéticos y, particularmente, la segregación racial y el genocidio de las «razas» percibidas como inferiores. El profesor de derecho sanitario George Annas y el profesor de derecho tecnológico Lori Andrews son dos críticos relevantes que sostienen que el empleo de estas tecnologías podría llevar a una guerra de castas entre humanos y posthumanos.[85] [87]
Durante la mayor parte de su historia, la eugenesia se ha manifestado como un movimiento para esterilizar contra su voluntad a los «incapacitados genéticamente» y fomentar la cría selectiva de los genéticamente aptos. Las principales organizaciones transhumanistas condenan fuertemente la coerción que involucran tales políticas así como rechazan las suposiciones racistas y clasistas en las que se basan, junto a las nociones pseudocientíficas de que se puedan lograr mejoras eugenésicas en un plazo razonable mediante la cría selectiva de humanos. La mayoría de los pensadores transhumanistas abogan en cambio por una «nueva eugenesia», una forma de eugenesia liberal igualitaria. En su libro de 2000 From Chance to Choice: Genetics and Justice, los expertos en bioética Allen Buchanan, Dan Brock, Norman Daniels y Daniel Wikler argumentan que las sociedades liberales tienen la obligación de fomentar la adopción de las tecnologías de mejora eugenésicas tanto como sea posible (en cuanto tales políticas no infrinjan los derechos reproductivos de los individuos o ejerzan presiones a los padres para que empleen estas tecnologías) para maximizar la salud pública y minimizar las desigualdades que pueden resultar de las dotes genéticas naturales y el acceso desigual a los mecanismos de perfeccionamiento genético. Los transhumanistas que sostienen estas opiniones se distancian sin embargo del término «eugenesia» (en favor del término «reprogenética») para evitar que su postura se confunda con las teorías y prácticas de los movimientos eugenésicos de principios del siglo XX.[88] [89] [90] [76]
[editar] Amenazas a la supervivencia del ser humano como especie
Impresionado por un párrafo del anarco-primitivista Manifiesto Unabomber escrito por Theodore Kaczynski (citado en La era de las máquinas espirituales de Kurzweil[8] ), el informático Bill Joy se convirtió en un firme crítico de las Tecnologías emergentes.[91] En su ensayo de 2000 titulado ¿Por qué el futuro no nos necesita? escribe que los humanos posiblemente acabarían asegurando su propia extinción desarrollando las tecnologías apoyadas por los transhumanistas. Menciona como ejemplo el escenario del goo gris en el que nanobots autorreplicantes fuera de control consumirían ecosistemas enteros dando como resultado una ecofagia global.[92] Las advertencias de Joy tuvieron eco entre grupos que apoyan un mayor control sobre el desarrollo tecnológico o bien se oponen al mismo. El activista Kalle Lasn, por ejemplo, participó en una parodia del Manifiesto Cyborg escrito en 1985 por Donna Haraway viendo en el mismo aspectos tecno-utópicos que por otra parte ella misma critica.[93] Lasn argumenta que debería renunciarse completamente al desarrollo de nuevas tecnologías puesto que sirven inevitablemente a los intereses de las corporaciones con devastadoras consecuencias sobre la sociedad y el medio ambiente.[94]
En su libro Nuestra hora final, el astrónomo real británico Martin Rees afirma que el avance científico-técnico traerá consigo tantos riesgos de desastre como oportunidades de progreso. En todo caso Rees no propone detener la investigación sino que reclama controles de seguridad más estrictos y tal vez limitaciones a la tradicional transparencia científica.[95] Partidarios del principio de precaución, como el movimiento ecologista, también defienden un progreso lento o un freno en ciertas áreas peligrosas. Algunos ven en la inteligencia artificial y en la robótica, formas alternativas de vida inteligente que podrían poner en peligro la supervivencia de la humanidad.[96]
Los transhumanistas no descartan restricciones concretas sobre las tecnologías emergentes que vayan encaminadas a minimizar el riesgo existencial, aunque por lo general consideran que las propuestas basadas en el principio de precaución son poco realistas o incluso contraproducentes. En la serie de televisión Connections, el historiador de la ciencia James Burke analiza varios puntos de vista sobre el cambio tecnológico, incluyendo el precaucionismo y el restriccionismo sobre la libre investigación. Burke pone en cuestión el pragmatismo de dichos enfoques, concluyendo que el mantenimiento del statu quo en la investigación y desarrollo supone también riesgos, como por ejemplo el agotamiento de los recursos naturales del planeta. La respuesta transhumanista habitual es la de apoyar que la sociedad tome medidas conscientes para alcanzar los beneficios de tecnologías limpias y seguras en lugar de anclarse en lo que consideran son posturas anti-científicas o tecnófobas.[97]
Una solución propuesta por el transhumanista Nick Bostrom es el desarrollo tecnológico diferencial en el que se intentaría influenciar el ritmo de desarrollo tecnológico, retrasando la aparición de tecnologías potencialmente peligrosas al tiempo que acelerando la consecución de las más beneficiosas y seguras, especialmente de aquellas que ofreciesen alguna protección contra los efectos adversos de las primeras.[39]
[editar] Referencias
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[editar] Bibliografía adicional
• Ballesteros, Jesús; Fernández Ruiz-Gálvez, María Encarnación (2007). Biotecnología y posthumanismo, Editorial Aranzadi. ISBN 978-84-8355-095-3.
- Postigo Solana, Elena, Transumanesimo e postumano: Principi teorici e implicazioni bioetiche, Medicina e Morale. Rivista Internazionale di Deontologia e Bioetica, 2009/2: 267-282. (El artículo contiene numerosas referencias bibliograficas. Esta nota ha sido añadida por la autora. El artículo fue elaborado tras una estancia de investigación en la Universidad de Oxford y en contacto con el Prof. Nick Bostrom, uno de los máximos exponentes y teóricos del transhumanismo, Director del Future of Humanity Institute).
- Negro, Dalmacio, El mito del hombre nuevo, Editorial Encuentro, Madrid 2009.
[editar] Véase también
• Ingeniería genética humana
• Reprogenética
• Bioética
[editar] Enlaces externos
• Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Transhumanismo. Commons
• Transhumanism.org Página de la Asociación Transhumanista Mundial (en inglés)
• Transhumanismo.org Página de la Asociación Transhumanista Mundial (en español)
• Artículo de Fukuyama en Foreign Policy
• Entrevista a los cofundadores de la Asociación Transhumanista Mundial
• Institute for Ethics and Emerging Technologies
• Center for Genetics and Society
• Instituto Extrópico (en inglés)
• Instituto Eudoxa (en inglés y español)
• WorldWatch Publicación ecologista que se ha mostrado contraria a las ideas transhumanistas
• Artificial General Intelligence Research Institute
• Centro para una nanotecnología responsable (inglés)
• Cryonics Institute
• Foresight Nanotech Institute
• Genetics & Public Policy Center
• Immortality Institute
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Categoría: Transhumanismo
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Posthumanismo
El término posthumanismo es utilizado, por una parte, como forma de designar las corrientes de pensamiento que aspiran a una superación del humanismo en el sentido de las ideas y las imágenes provenientes del Renacimiento clásico. Así se pretende actualizar dichas concepciones al siglo XXI implicando frecuentemente una asunción de las limitaciones de la inteligencia humana.
Otro uso del término posthumanismo es el que suele asimilarse como sinónimo del transhumanismo, designando un futurible estado en el que la especie humana es capaz de superar sus limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica (véase Ingeniería genética humana).
Posthumano o post-humano es un concepto notablemente originado en los campos de la ciencia ficción, futurología, arte contemporáneo, y filosofía. Esos múltiples orígenes interactuantes han contribuido a la profunda confusión en torno a las similitudes y diferencias entre el posthumano del "posmodernismo" y el posthumano del "transhumanismo".
[editar] Bibliografía
• Ballesteros, Jesús; Fernández Ruiz-Gálvez, María Encarnación (2007). Biotecnología y posthumanismo, Editorial Aranzadi. ISBN 978-84-8355-095-3.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Posthumanismo"
Categorías: Doctrinas filosóficas | Transhumanismo
Transhumanismo
Opinión de Ariel R. Barreras Enrich.
1. Puede observarse que el manejo de esta temática se hace desde posiciones elitistas vinculadas (afectiva, política o económicamente) a los generadores de la tecnología de punta, disponible solo para los ricos (compañías y laboratorios). El resto del planeta no tiene condiciones para entretenerse en estas especulaciones.
2. Como toda especulación de esta naturaleza, sus conceptos principales son vagos, maleables, esquivos, indefinidos, a fin de que no puedan ser criticados; por ejemplo: “mejorar la condición humana” ¿En que consiste la mejora? ¿Qué entienden por “condición humana?.
3. Una especulación que aspire a teoría, debe proponer o adquirir un modelo de referencia y tanto los indicadores y rasgos del transhumano y del posthumano están ausentes, es decir, igual que el modelo: no existen. Nada de esto es obstáculo para hacer reclamaciones legales y jurídicas; por ejemplo, que se reconozca el derecho de los individuos a admitir y someterse a tecnologías que puedan creer los llevaría a las categorías de transhumanos y poshumanos. ¿Qué se avizora con ese enfoque?
4. Primero, que deben ampliarse las leyes que protegen a los incapacitados mentales de sus propias decisiones; de modo que se agreguen los múltiples incapaces culturales que va creando la idiotización por los medios. Un triste ejemplo de esa superficialidad, en la década del 50 al 60 del siglo XX, es el caso de algunos millonarios con cáncer terminal que se hicieron congelar y almacenar, con la esperanza y las disposiciones económico-legales que estimaron, para ser reanimados y curados en décadas o siglos posteriores, cuando hubiera un tratamiento efectivo contra ese mal. Un mínimo conocimiento de fisiología les hubiera permitido comprender cómo estallan las membranas celulares cuando el protoplasma que contienen pasa de 4 grados centígrados a 0 grados. Peores cosas van a derivarse de estas especulaciones.
5. Lo segundo que puede inferirse es la gran posibilidad de experimentos extremos que podrían hacerse con impunidad, principalmente en el campo militar.
6. Tercero, el gran negocio de los trasplantes de partes humanas tendría un abastecimiento casi ilimitado, pues no se excluyen falsificaciones de identidad y de contratos que lleven a la mesa de experimentos a personas totalmente ajenas al proceso y sus intereses.
7. Cuál es la pretensión moral que estos pseudo filósofos pudieran inducir en nuestra especie para llevarla a abochornarse de si misma y pretenda ser ese ente indefinido de “transhumano” y “posthumano”.
Todas estas versiones que circulan desde fines del siglo XX son otras variantes del neomaltusianismo, dado que el sistema capitalista no puede controlar la natalidad y menos la desea la distribución de los bienes con justicia. Para el capitalismo llegó el momento de creer que sobran los trabajadores y los robots podrán sustituirlos, asi de simple. Hay que leer detrás de toda la palabrería que Internet y las editoriales quieren imponer con estos pensadores mediocres que se hacen famosos por simple repetición.
Transhumanismo
El Transhumanismo es tanto un concepto filosófico como un movimiento intelectual internacional que apoya el empleo de las nuevas ciencias y tecnologías para mejorar las capacidades mentales y físicas con el objeto de corregir lo que considera aspectos indeseables e innecesarios de la condición humana, como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento o incluso en última instancia la mortalidad. Los pensadores transhumanistas estudian las posibilidades y consecuencias de desarrollar y usar la tecnología con estos propósitos, preocupándose por estudiar tanto los peligros como los beneficios de estas manipulaciones. [1]
Aunque la primera vez que se usó el término transhumanismo data de 1957, el significado contemporáneo se desarrolló en la década de 1980, cuando un grupo de científicos, artistas y futuristas establecidos en los Estados Unidos empezó a organizar lo que desde entonces ha crecido hasta constituir el movimiento transhumanista. Los pensadores transhumanistas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta devenir en posthumanos. [2]
A pesar de lo reducido del número de personas que se calificarían a sí mismas como tales, las visiones transhumanistas de una humanidad futura profundamente transformada han atraído a un gran número tanto de críticos como de partidarios de todo tipo. Ha sido descrito por Francis Fukuyama como «la idea más peligrosa del mundo», [3] mientras que Ronald Bailey considera que es un «movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad». [4]
Contenido
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• 1 Historia
• 2 Objetivos
• 3 Posible dimensión espiritual
• 4 Ficción y arte
• 5 Críticas
o 5.1 Críticas de inviabilidad técnica
o 5.2 Críticas de inmoralidad
o 5.3 Críticas sobre la concepción del cuerpo humano
o 5.4 Críticas a la posible trivialización de la existencia humana
o 5.5 Críticas al desigual acceso a la tecnología
o 5.6 Críticas sobre las repercusiones en el orden social
o 5.7 Críticas al peligro de deshumanización
o 5.8 Amenaza de un regreso a la eugenesia coercitiva
o 5.9 Amenazas a la supervivencia del ser humano como especie
• 6 Referencias
• 7 Bibliografía adicional
• 8 Véase también
• 9 Enlaces externos
[editar] Historia
En su artículo «Una historia del pensamiento transhumanista», de 2005, el filósofo transhumanista Nick Bostrom encuentra precedentes del pensamiento transhumanista en expresiones mitológicas del deseo humano de adquirir nuevas capacidades. Bostrom, sin embargo, localiza las raíces más inmediatas del transhumanismo en el humanismo renacentista y en la Ilustración. Por ejemplo, Giovanni Pico della Mirandola animó a los hombres a «esculpir su propia estatua». René Descartes consideró la mejora humana uno de los frutos de su enfoque de la ciencia, y el Marqués de Condorcet fue el primer pensador que habla del empleo de la medicina para extender la esperanza de vida. En el siglo XX, un precursor directo e influyente del transhumanismo fue el ensayo de 1923 del genetista J.B.S. Haldane Daedalus: Science and the Future, que predecía el advenimiento de grandes beneficios resultado de la aplicación de la genética y otras ciencias recientes a la biología humana.[1] El biólogo Julian Huxley, hermano del escritor Aldous Huxley (y amigo en la infancia de Haldane), parece haber sido el primero en usar la palabra «transhumanismo», que definió en un escrito de 1957 como «el hombre sigue siendo hombre, pero trascendiéndose a sí mismo, al cobrar conciencia de las nuevas posibilidades de y para la naturaleza humana».[5] Esta definición difiere sustancialmente de la que se emplea desde la década de 1980.
A principios de los años 1960, el informático Marvin Minsky escribió sobre las relaciones entre la inteligencia humana y la artificial. [6] En las décadas siguientes, este campo siguió generando pensadores influyentes, como Hans Moravec y Raymond Kurzweil, quienes oscilan entre el ámbito técnico y las especulaciones futuristas de la rama transhumanista. [7] [8] La aparición de un movimiento que se puede identificar como transhumanista empezó en las últimas décadas del siglo XX. En 1966, FM-2030 (anteriormente F.M. Esfandiary), un futurista que enseñaba sobre «nuevos conceptos de lo humano» en The New School, Nueva York, empezó a identificar a la gente que adoptaba tecnologías, estilos de vida y puntos de vista sobre la transición a la «posthumanidad» como «transhumanos» (por «humano transitorio»).[9] En 1972 Robert Ettinger contribuyó a la conceptualización de «transhumanidad» en su libro Man into Superman.[10] En 1973 FM-2030 publicó el Upwingers Manifesto con el objetivo de estimular el activismo transhumanista consciente.[11]
Los primeros autodenominados transhumanistas se reunieron formalmente a principios de la década de 1980 en la Universidad de California, Los Ángeles, que pasó a ser el centro principal del pensamiento transhumanista. Allí, FM-2030 dio clases sobre sus ideas futuristas. En el local del EZTV, frecuentado por transhumanistas y otros futuristas, Natasha Vita-More presentó Breaking Away, su película experimental de 1980, que trata de la destrucción de las limitaciones biológicas y la gravedad terrestre a medida que se dirigen al espacio. [12] [13] FM-2030 y Vita-More empezaron a organizar encuentros de transhumanistas en Los Ángeles, a los que acudían estudiantes de los cursos de FM-2030 y público de las producciones artísticas de Vita-More. En 1982, Vita-More escribió el Transhumanist Arts Statement, y seis años más tarde produjo el programa de televisión por cable TransCentury Update sobre la transhumanidad, un programa que llegó a tener más de cien mil espectadores.[14]
En 1986, Eric Drexler publicó Engines of Creation: The Coming Era of Nanotechnology, [15] que discutía las posibilidades de la nanotecnología y los ensambladores moleculares, y fundó el Foresight Institute. Por su parte las oficinas del Alcor Life Extension Foundation, como sede de la primera organización sin ánimo de lucro destinada a la investigación y el fomento de la criónica, pasaron a ser un centro de importancia para los futuristas. En 1988, durante el auge de la cibercultura, el filósofo Max More fundó el Instituto Extropiano y, en 1990, fue el responsable principal de una doctrina formal transhumanista que tomó la forma de Principles of Extropy. [16] En 1990 estableció los fundamentos del transhumanismo moderno dándole una nueva definición: [17]
El transhumanismo es una clase de filosofías que buscan guiarnos hacia una condición posthumana. El transhumanismo comparte muchos elementos del humanismo, incluyendo un respeto por la razón y la ciencia, un compromiso con el progreso, y una valoración de la existencia humana (o transhumana) en esta vida. […] El transhumanismo difiere del humanismo en reconocer y anticipar las alteraciones radicales en la naturaleza y las posibilidades de nuestras vidas resultado de varias ciencias y tecnologías […].
En 1998 los filósofos Nick Bostrom y David Pearce fundaron la World Transhumanist Association (WTA), una organización internacional no gubernamental que trabaja por el reconocimiento del transhumanismo como un objeto legítimo de la investigación científica y la política. [18] En 1999, la WTA redactó y aprobó la Declaración Transhumanista. [19] The Transhumanist FAQ, preparado por la WTA, dio dos definiciones formales de transhumanismo: [20]
1: El movimiento intelectual y cultural que afirma la posibilidad y la deseabilidad de mejorar fundamentalmente la condición humana a través de la razón aplicada, especialmente desarrollando y haciendo disponibles tecnologías para eliminar el envejecimiento y mejorar en gran medida las capacidades intelectuales, físicas y psicológicas.
2: El estudio de las ramificaciones, promesas y peligros potenciales de las tecnologías que nos permitirán superar limitaciones humanas fundamentales, y el estudio relacionado de las materias éticas involucradas en desarrollar y emplear tales tecnologías.
Anders Sandberg, un académico y transhumanista prominente, ha recopilado varias definiciones similares. El término «transhumanismo» se emplea a menudo como sinónimo de «mejora humana». [21] El transhumanismo recibe a veces el nombre erróneo de «posthumanismo». Según una interpretación, el transhumanismo está subordinado a la crítica postmoderna del humanismo conocido como posthumanismo, [22] y aunque todos los transhumanistas pueden ser en este sentido posthumanistas, no se ha dicho, ni se debe decir, que todos los posthumanistas son transhumanistas.
En contraste con el Instituto Extropiano,[23] los miembros de la WTA consideran que el impacto tecnológico sobre la sociedad hace necesario prestar la misma atención a las cuestiones sociales que a las técnicas.[24] Una preocupación en particular es el acceso igualitario a las tecnologías de mejora humana de todas las clases sociales y regiones.[25] En 2006, una batalla política en el interior del movimiento transhumanista entre el liberalismo libertario y la izquierda liberal ascendente resultó en una reubicación de la WTA en el centro izquierda del espectro político bajo la dirección de James Hughes.[26] [25]
En 2006 el consejo directivo del Instituto Extropiano detuvo las operaciones de la organización y declararon que su misión estaba «esencialmente completada». [23] Esto dejó a la World Transhumanist Association como principal referente del movimiento transhumanista.
[editar] Objetivos
Aunque muchos teóricos y partidarios del transhumanismo buscan aplicar la razón, la ciencia y la tecnología para reducir la pobreza, las enfermedades, las discapacidades y la malnutrición en todo el mundo, el transhumanismo se distingue en su enfoque particular en la aplicación de las tecnologías para la mejora de los cuerpos humanos de forma individual. Muchos transhumanistas valoran activamente el potencial de las tecnologías futuras y los sistemas sociales innovadores para mejorar la calidad de toda vida, a la vez que tratan de hacer efectiva la igualdad consagrada en los sistemas políticos y legales democráticos mediante la eliminación de las enfermedades congénitas.
Los filósofos transhumanistas argumentan que no solo existe el imperativo ético perfeccionista de tratar de progresar y mejorar la condición humana, también es posible y deseable para la humanidad el entrar en una fase de la existencia posthumana, en la que los humanos controlen su propia evolución. En tal fase, la evolución natural sería reemplazada por el cambio deliberado.
Para lograrlo, los tranhumanistas siguen perspectivas interdisciplinares para entender y evaluar las posibilidades de superar las limitaciones biológicas. Recurren a la prospectiva y a varios campos de la ética como la bioética, principalmente, pero no de forma exclusiva desde una perspectiva humanista secular, socialmente progresista y políticamente liberal. Al contrario de muchos filósofos, críticos sociales y activistas que dan un valor moral a la preservación de los sistemas naturales, los transhumanistas ven el concepto mismo de lo «natural» como una nebulosa problemática en el mejor de los casos y un obstáculo al progreso en el peor.[27] A este respecto, muchos partidarios del transhumanismo se refieren conjuntamente a los críticos al transhumanismo de la derecha y la izquierda como «bioconservadores» o «bioluditas», término que alude al ludismo, movimiento social del siglo XIX que se oponía al reemplazo de trabajadores manuales por máquinas.[28]
Tecnologías convergentes, un informe de 2002 que explora las posibilidades de la sinergia entre la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y las cognitivas (NBIC) para mejorar la máquina humana.
Mientras que muchos transhumanistas adoptan una perspectiva abstracta y teórica sobre los beneficios de las tecnologías emergentes, otros han ofrecido propuestas específicas para modificar el cuerpo humano, algunas de ellas hereditarias. [29] Los transhumanistas a menudo están preocupados con los métodos de mejora del sistema nervioso humano. Aunque algunos proponen modificar el sistema nervioso periférico, mientras que el cerebro al ser considerado el denominador común de la humanidad se encuentra en el centro de las ambiciones transhumanistas.[30]
De forma más general, los transhumanistas apoyan la emergencia y convergencia de tecnologías como la nanotecnología, biotecnología, tecnología de la información, ciencia cognitiva (NBIC), y tecnologías futuras hipotéticas, como la realidad virtual, inteligencia artificial, transferencia mental y criónica. Creen que los humanos pueden y deberían usar estas tecnologías para volverse más que humanos.[31] Apoyan el reconocimiento o la protección de la libertad conginitica, la libertad morfológica y la libertad reproductiva como libertades civiles, para así garantizar a los individuos la elección de emplear las tecnologías de mejora humana en sí mismos y en sus hijos, y convertirse progresivamente en transhumanos y finalmente en posthumanos, lo que está considerado el clímax de la evolución participativa.[32] Algunos consideran que las técnicas de mejora humana y otras tecnologías emergentes podrían facilitar esta transformación a mediados del siglo XXI.[33]
Un informe de 2002 titulado Converging Technologies for Improving Human Performance, encargado por la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, contiene descripciones y comentarios sobre el estado de la ciencia y tecnología NBIC de destacados científicos de estos campos. El informe discute los usos potenciales de estas tecnologías para alcanzar las metas transhumanistas de mejora del rendimiento y de la salud y también, los trabajos actuales en la planificación de aplicaciones de esas tecnologías de mejora humana en el ejército y en la racionalización de la interfaz hombre máquina en la industria.[34]
Aunque los debates internacionales sobre las tecnologías convergentes y los conceptos de NBIC incluyen fuertes críticas a las orientaciones transhumanistas y su presunto carácter de ciencia ficción,[35] [36] [37] las investigaciones en tecnologías de alteración del cerebro y del cuerpo se han acelerado bajo el patrocinio del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que está interesado en las ventajas en el campo de batalla que proporcionarían los supersoldados.[38]
Algunos teóricos, como Raymond Kurzweil, creen que el ritmo de la evolución tecnológica se acelera progresivamente, y que en los siguientes cincuenta años no sólo aparecerán avances radicales, sino que sobrevendrá una singularidad tecnológica, que puede cambiar la naturaleza fundamental de los seres humanos.[33] Los transhumanistas que prevén este cambio masivo por lo general sostienen que es deseable. Sin embargo, también estudian los posibles peligros de un cambio tecnológico extremadamente rápido, y, consecuentemente, proponen opciones para asegurar que la tecnología sea usada de forma responsable. Por ejemplo, Bostrom ha escrito mucho acerca de los riesgos existenciales para el futuro bienestar de la humanidad, incluyendo los posibles riesgos de las tecnologías emergentes.[39]
En un ámbito más práctico, como proponentes del desarrollo personal y la modificación corporal, los transhumanistas tienden a emplear las tecnologías y técnicas existentes que supuestamente mejoran el rendimiento cognitivo y físico, y a seguir estilos de vida diseñados para mejorar la salud y la longevidad.[40] Dependiendo de su edad, algunos transhumanistas expresan su preocupación por no vivir lo suficiente como para disfrutar los beneficios de las tecnologías futuras. Sin embargo, muchos tienen gran interés en las estrategias de extensión de la vida, y en las investigaciones en criónica.[41] De esta forma se han tejido redes y comunidades transhumanistas regionales y globales para proporcionar apoyo a dichos objetivos y foros para la discusión de proyectos colaborativos.
[editar] Posible dimensión espiritual
Representación de una creciente complejidad de los organismos, algunos transhumanistas encuentran un sentido estético o teleológico en la evolución.
Aunque algunos transhumanistas muestran una fuerte espiritualidad, la mayoría no son creyentes. [cita requerida] Una minoría de transhumanistas, sin embargo, siguen formas liberales de tradiciones de la filosofía oriental como el budismo o el yoga o han mezclado sus ideas transhumanistas con religiones occidentales como el cristianismo liberal o el mormonismo.[18] [42] [43] A pesar de la actitud laica prevaleciente, algunos transhumanistas tienen esperanzas asociadas tradicionalmente a las religiones, como la inmortalidad.[44] Muchos nuevos movimientos religiosos, originados a finales del siglo XX, han abrazado explícitamente las metas transhumanistas de transformar la condición humana mediante la aplicación de la tecnología para la alteración de la mente y el cuerpo, como el Raelismo.[45] Mientras que la mayoría de pensadores asociados con el movimiento transhumanista se centran en las metas prácticas del empleo de la tecnología para ayudar a alcanzar vidas más largas y saludables, algunos consideran que la comprensión futura de la neuroteología y la aplicación de la neurotecnología permitirá a los humanos obtener un mayor control de los estados alterados de la conciencia, a menudo interpretados como «experiencias espirituales» y alcanzar de esta forma una mayor auto conciencia.[46]
La mayoría de transhumanistas son materialistas que no creen en un alma humana trascendente. La teoría transhumanista de la personalidad combate la identificación única de los actores y sujetos morales con humanos biológicos, y juzgan especista la exclusión de ciertos animales no humanos, así como los posibles parahumanos o inteligencias artificiales de las consideraciones éticas.[47] Muchos creen en la compatibilidad de la mente humana con el hardware informático, lo que implica la posibilidad teórica de que algún día la consciencia podría ser transferida a una base alternativa.[48] Una formulación extrema de esta idea puede encontrarse en la propuesta de Frank Tipler del Punto Omega. Recurriendo a ideas del digitalismo, Tipler aventuró que el colapso del Universo dentro de millones de años podría crear las condiciones necesarias para la perpetuación de la humanidad en una realidad simulada en un megacomputador, y alcanzar por tanto una forma de «dios posthumano». El pensamiento de Tipler está inspirado en las obras de Pierre Teilhard de Chardin, un paleontólogo y teólogo jesuita que ve un telos en el desarrollo de una noosfera, una conciencia global.[49] Este tipo de pensamiento teleológico también está presente en otros autores transhumanistas que han encontrado algunas referencias en el cosmismo ruso de principios del siglo XX.[50]
La idea de la transferencia de la personalidad a un sustrato no biológico y las asunciones consiguientes han recibido críticas de un amplio abanico de científicos y activistas, bien en relación al propio transhumanista, bien sobre el trabajo de pensadores concretos como Marvin Minsky o Hans Moravec, considerados los padres de este concepto. En relación a las asunciones consiguientes, por ejemplo, a la cibernética, algunos han dicho que esta esperanza materialista engendra un monismo espiritual, una variante del idealismo filosófico.[51] Vista desde una perspectiva fundamentalista cristiana, la idea de la transferencia mental representa la denigración del cuerpo humano característica de las creencias gnósticas.[52] El transhumanismo y sus progenitores intelectuales han sido descritos como neo-gnósticos por analistas no cristianos.[53] [54]
El primer diálogo entre el transhumanismo y la fe fue el punto central de un seminario académico que tuvo lugar en la Universidad de Toronto en 2004.[55] Como puede servir de depositaria de algunas de las esperanzas que la gente ha puesto tradicionalmente en la religión, los críticos religiosos y laicos han mantenido que el transhumanismo es, en sí mismo, una religión o, al menos, una pseudorreligión. Los transhumanistas responden que el transhumanismo no es una religión, aunque reconocen que algunas variedades de transhumanismo lo pueden ser según ciertos sentidos de la palabra. Los críticos religiosos acusan a la filosofía transhumanista de no ofrecer verdades eternas o una relación con lo divino. Comentaron que una filosofía privada de estas creencias deja a la humanidad a la deriva en el mar nublado del cinismo post-moderno y la anomia. Los transhumanistas responden que estas críticas reflejan un fallo al examinar el contenido real de la filosofía transhumanista, que, lejos del cinismo, hunde sus raíces en actitudes optimistas e idealistas que proceden de la Ilustración.[56]
[editar] Ficción y arte
Artículo principal: Transhumanismo en la ficción
Los temas transhumanistas han aparecido cada vez más en la literatura. La ciencia ficción contemporánea a menudo contiene elogios a la vida humana perfeccionada mediante la tecnología, establecida en sociedades utópicas o tecno-utópicas. Sin embargo, en muchas ocasiones se acompañan estos elogios de cautela. En los escenarios más pesimistas aparecen distopías en las que el uso de la bioingeniería ha producido horrores.
El género del ciberpunk, ejemplificado por la novela Neuromante de William Gibson (1984) y Schismatrix de Bruce Sterling (1985), se ha centrado en la modificación del cuerpo humano. En las décadas inmediatamente anteriores al surgimiento de un explícito movimiento transhumanista, surgieron dispersos elementos transhumanistas en diferentes obras de ficción científica, entre otras Slan (1940) de A. E. van Vogt; la serie Lazarus Long (1941-87) de Robert A. Heinlein; Yo, robot (1950) de Isaac Asimov; El fin de la infancia (1953) y 2001: Una odisea del espacio (1968) de Arthur C. Clarke; Ciberíada (1967) de Stanisław Lem. Las más importantes novelas que han encarado directamente los temas transhumanistas y han estimulado el debate son Blood Music (1985) de Greg Bear, The Xenogenesis Trilogy (1987–1989) de Octavia Butler; las novelas La Cultura (1987–2000) de Iain Banks; Mendigos en España (1990–94) de Nancy Kress; muchos trabajos de Greg Egan desde principios de la década de 1990, como Permutation City (1994) y Diáspora (1997); The Bohr Maker (1995) de Linda Nagata; Extensa (2002) y Perfekcyjna niedoskonałość (2003) de Jacek Dukaj; Oryx y Crake (2003) de Margaret Atwood; y las obras de Michel Houellebecq Las partículas elementales y La posibilidad de una isla.
Los entornos transhumanistas han adquirido popularidad en otros medios desde finales del siglo XX. Algunas obras con relación con el transhumanismo son las películas (Star Trek, 1979; Blade Runner, 1982; Gattaca, 1997; The Matrix, 1999), las series de televisión (Ancient de Stargate SG-1 y Borg de Star Trek), manga y anime (Ghost in the Shell, Neon Genesis Evangelion), juegos de rol (Transhuman Space), series (The Six Million Dollar Man, Futurama) y videojuegos (Deus Ex, Half-Life 2). Muchos de estos trabajos se consideran parte del movimiento cyberpunk, o del género denominado postcyberpunk.
Además de la obra de Natasha Vita-More, antes mencionada, el transhumanismo ha estado representado en las artes visuales por el Carnal Art, una forma de escultura originada por la artista francesa Orlan, que usa el cuerpo como medio y la cirugía plástica como método. El trabajo del artista australiano Stelarc se centra en la alteración de su cuerpo mediante prótesis robóticas e ingeniería de tejidos. Otros artistas cuyo trabajo coincidió con el florecimiento del transhumanismo y que exploraron temas relacionados con la transformación del cuerpo son la artista serbia Marina Abramović y el estadounidense Matthew Barney.
[editar] Críticas
Las críticas al transhumanismo proceden de dos puntos de vista: los que cuestionan la verosimilitud de las metas transhumanistas (críticas prácticas), y los que cuestionan los principios morales del transhumanismo (críticas éticas). Sin embargo, estas dos corrientes a menudo convergen y se solapan, particularmente cuando se considera la ética de cambiar la biología humana sin conocer por completo su funcionamiento.
Los críticos con el transhumanismo a menudo ven las metas transhumanistas como amenazas a los valores humanos. Algunos añaden que los esfuerzos transhumanistas de mejorar la condición humana podrían desviar recursos de búsqueda de posibles soluciones sociales. Como muchos transhumanistas apoyan cambios no tecnológicos de las sociedades, como la difusión de las libertades políticas y de procreación, y muchos críticos apoyan avances en áreas como las telecomunicaciones y la medicina, la diferencia a menudo es cuestión de énfasis. A veces, sin embargo, hay fuertes desacuerdos acerca de los principios involucrados, con visiones divergentes de la humanidad, la naturaleza humana y la moralidad de las aspiraciones transhumanistas. Al menos una de las autodenominadas organizaciones socialmente progresivas, el Center for Genetics and Society (centro para la genética y sociedad), ha nacido con la meta específica de oponerse a los objetivos transhumanistas que puedan conllevar modificaciones transgeneracionales de la biología humana, como la clonación humana y la aplicación de la ingeniería genética en humanos. En sintonía con esta organización, la publicación ecologista World Watch, detractora habitual de los organismos genéticamente modificados, ha mostrado su preocupación ante la posibilidad de aplicar tales tecnologías en humanos, dedicando un número a hacer un compendio de todas las líneas de crítica articuladas hasta el momento.[57]
[editar] Críticas de inviabilidad técnica
El sociólogo Max Dublin, en su libro Futurehype: The Tyranny of Prophecy (que se podría traducir como “Exagerando el futuro: la tiranía de la profecía”), comenta varias predicciones fallidas pasadas acerca del progreso tecnológico y argumenta que las predicciones futuristas modernas serán también desacertadas. También critica lo que ve como cientifismo, fanatismo y nihilismo en el transhumanismo y encuentra paralelismos históricos entre las religiones milenarias y las doctrinas marxistas.[58]
En su libro de 2002 Redesigning Humans: Our Inevitable Genetic Future ("Rediseñando humanos: nuestro inevitable futuro genético"), el biofísico Gregory Stock, a pesar de sus simpatías hacia el movimiento transhumanista, se muestra escéptico acerca de la viabilidad técnica o la posible popularidad de una cyborguización de la humanidad al estilo de la predicha por Raymond Kurzweil, Hans Moravec y Kevin Warwick. Cree que durante el siglo XXI, muchos humanos se integrarán profundamente en sistemas mecánicos, pero seguirán siendo principalmente biológicos y pronostica que los cambios principales en la forma y el carácter no provendrán del cyberware, sino de la manipulación directa de la genética, el metabolismo y la bioquímica.[59]
Los pensadores que defienden la verosimilitud del cambio tecnológico masivo a corto plazo enfatizan lo que describen como un patrón de incremento exponencial en las capacidades tecnológicas humanas. Este énfasis es muy claro en la obra de Damien Broderick, especialmente en The spike (1997) (La púa), que contiene pronósticos sobre un futuro radicalmente modificado. Kurzweil desarrolla esta línea con más detalle en su libro de 2005 The singularity is near (La singularidad está cerca). Broderick destaca que muchas de las predicciones que parecían imposibles en los inicios de la ciencia ficción se han cumplido, como la energía nuclear y los viajes espaciales a la luna. También argumenta que las predicciones actuales se basan en el racionalismo, y que observadores como Kurzweil han predicho con éxito pasadas innovaciones.[60]
[editar] Críticas de inmoralidad
Las acusaciones de inmoralidad proceden tanto de sectores religiosos como laicos.
La primera categoría se basa en lo supuestamente inapropiado del hecho de que los seres humanos se coloquen a sí mismos en el lugar de Dios. Este punto de vista está ejemplificado por la declaración del Vaticano de 2002 Comunión y corresponsabilidad: Personas humanas creadas a imagen de Dios,[61] en la que se declara que “Cambiar la identidad genética del hombre como persona humana mediante la producción de seres infrahumanos es radicalmente inmoral”, puesto que tal cosa supondría que “el hombre tiene pleno derecho de disponer de su propia naturaleza biológica”. Al mismo tiempo, califican la creación de un superhombre o de un ser espiritualmente superior como “impensable”, dado que la verdadera perfección sólo puede provenir de la experiencia religiosa.
La segunda categoría se centra en los intentos de alcanzar las metas humanistas mediante la modificación genética de los embriones humanos para crear “bebés de diseño”. Estas críticas ponen énfasis en la cuestión de la biocomplejidad y la impredecibilidad de los intentos para guíar el desarrollo de los productos de la evolución biológica. Este argumento, elaborado en particular por el teólogo Stuart Newman, se basa en que la clonación de animales es proclive a errores y perjudicial para el desarrollo del embrión. De acuerdo con esto, aplicar estos procesos a los embriones humanos crearía riesgos inaceptables, y realizar experimentos en humanos, particularmente los que tengan consecuencias biológicas permanentes, sería una violación clara de los principios que gobiernan la experimentación con humanos (véase la Declaración de Helsinki). Además, dado que obtener mejores resultados en la manipulación de otras especies no sería inmediatamente aplicable a los seres humanos sin previa experimentación, no cabría ningún camino ético para la manipulación genética de humanos en las etapas iniciales del desarrollo.[62]
Sin embargo, desde un punto de vista práctico, los protocolos internacionales sobre investigación de la condición humana no representan un obstáculo legal a los intentos de los transhumanistas de mejorar sus capacidades mediante la ingeniería genética. De acuerdo con la experta en leyes Kirsten Rabe Smolensky, las leyes existentes protegerían a los padres que eligiesen mejorar el genoma de sus hijos.[63]
Los pensadores religiosos que apoyan las metas transhumanistas, como los teólogos Ronald Cole-Turner y Ted Peters, rechazan el primer argumento, sosteniendo en cambio que la doctrina de la co-creación obliga al uso de la ingeniería genética para mejorar la biología humana.[64] [65]
Los transhumanistas y otros partidarios de la ingeniería genética no rechazan completamente el segundo argumento, pues hay una gran incertidumbre sobre los resultados de los experimentos en ingeniería genética en humanos. Sin embargo, los transhumanistas dicen que el mayor riesgo descansa en no usar ingeniería genética, porque las tecnologías actuales ya amenazan el entorno[66] y un gran número de humanos muere por causas potencialmente solucionables. Esto implica que los beneficios potenciales de las tecnologías de mejora humana superan los peligros potenciales, así que el imperativo moral, si hay alguno, sería empezar a usar estas tecnologías tan pronto como sea posible.[67] Además, los transhumanistas añaden que “alterar la naturaleza” es algo que los humanos han hecho durante milenios con beneficios tangibles.[68] Ante esto, el bioético James Hughes sugiere la posibilidad de construir modelos computerizados del genoma humano, así como de las proteínas y los tejidos que se encuentran codificados en el mismo. Los avances exponenciales en la bioinformática permitirán, según Hughes, anticipar los posibles efectos de la ingeniería genética en humanos mediante su previa experimentación en un modelo virtual.[24] Por su parte, el profesor de salud pública Gregory Stock considera los cromosomas artificiales como una opción más segura que las técnicas de ingeniería genética existentes.[69]
[editar] Críticas sobre la concepción del cuerpo humano
La filósofa Mary Midgley, en su libro de 1992 Science as Salvation, identificó el origen de la noción de alcanzar la inmortalidad mediante la trascendencia del cuerpo humano (recogido en la propuesta transhumanista de transferencia mental) en un grupo de pensadores científicos de principios del siglo XX, entre ellos J.B.S. Haldane. Midgley considera estas ideas «sueños y profecías cuasi-científicos» que involucran una visión escapista del cuerpo humano junto a «fantasías auto indulgentes y descontroladas». Su argumento se centra en lo que considera especulaciones pseudocientíficas, fantasías irracionales conducidas por el miedo a la muerte, y lo remoto de sus puntos de vista escatológicos.[70]
Lo que ha sido percibido como desdén por la carne en los escritos de Marvin Minksy, Hans Moravec y algunos transhumanistas, ha sido también el objetivo de otras críticas por lo que consideran que es una concepción instrumental del cuerpo humano.[22] Reflejando una línea de la críticas feministas al transhumanismo, la filósofa Susan Bardo considera «las obsesiones con la figura, la juventud y la perfección física contemporáneas», que considera afectan por igual a hombres y a mujeres, pero de formas distintas, como «las manifestaciones lógicas (aunque extremas) de las ansiedades y fantasías presentes en nuestra cultura».[71] Algunos críticos cuestionan otras implicaciones sociales del énfasis del movimiento en la modificación del cuerpo. El científico político Klaus-Gerd Giesen, en particular, ha declarado que la preocupación transhumanista en alterar el cuerpo humano representa la consecuencia final del individualismo y la mercantilización del cuerpo propia de la cultura de consumo.[72]
Nick Bostrom dice a este respecto que el deseo de rejuvenecimiento, en particular, y de trascender las limitaciones naturales del cuerpo humano, en general, es pancultural y panhistórico, y por tanto no guarda una correspondencia unívoca con la cultura del siglo XX. Argumenta que el programa transhumanista es un intento de canalizar ese deseo en un proyecto científico en consonancia con el Proyecto Genoma y alcanzar así la esperanza más antigua de la humanidad, y no una fantasía pueril o una tendencia social.[1]
[editar] Críticas a la posible trivialización de la existencia humana
En el libro de 2003 Enough: Staying Human in an Engineered Age, el ético ambientalista Bill McKibben argumentó extensamente contra buena parte de las tecnologías apoyadas por los transhumanistas, incluyendo la elección en la línea germinal, la nanomedicina y las estrategias de prolongación de la vida. Aseguraba que estaría moralmente mal que los humanos modificaran aspectos sustanciales de sí mismos (o de sus hijos) en un intento de superar limitaciones universales como el envejecimiento, la mortalidad, y la limitación biológica de las habilidades cognitivas o físicas. Los intentos de mejorarse a sí mismos a través de tal manipulación conllevarían eliminar las barreras que forman el necesario contexto de la experiencia humana y su libertad de elección. Argumenta que en un mundo donde tales limitaciones hubieran sido superadas por la tecnología, la vida humana habría dejado de tener sentido. Debería incluso renunciarse, según McKibben, al objetivo de la elección parental en la línea germinal con objetivos claramente terapéuticos, puesto que de permitirse no tardarían en surgir tentaciones de llevar la modificación a terrenos como el de las capacidades cognitivas. McKibben afirma que es posible que una sociedad renuncie voluntariamente a ciertas tecnologías y pone por ejemplo la China Ming, el Japón Tokugawa y a los actuales Amish.[73]
Los transhumanistas y otros partidarios de la modificación tecnológica de la biología humana, tales como el periodista científico Ronald Bailey, rechazan, por extremadamente subjetivas, las afirmaciones de que la vida sería percibida como carente de sentido si algunas de las limitaciones humanas fueran superadas gracias a las tecnologías de perfeccionamiento humano. Desde su punto de vista, dichas tecnologías no eliminarían el grueso de los retos a los que se enfrentan el individuo y la sociedad. Sugiere que una persona con mayores capacidades se enfrentaría a mayores y más complejos retos, y continuaría encontrando un sentido en la lucha por superarlos y alcanzar la perfección. Bailey también argumenta que los ejemplos históricos de McKibben son equívocos y que llevan a distintas conclusiones cuando se estudian con detenimiento.[74]
[editar] Críticas al desigual acceso a la tecnología
Algunos autores críticos con la corriente del transhumanismo libertario se han centrado en las consecuencias socioeconómicas que estas tecnologías tendrían sobre sociedades con crecientes desequilibrios en la renta. Bill McKibben, por ejemplo, sugiere que las tecnologías de perfeccionamiento humano estarían desproporcionadamente a disposición de aquellos con más recursos financieros, ampliando, por tanto, la brecha entre ricos y pobres y creando una brecha genética.[75] Lee Silver, biólogo y divulgador científico que acuñó el término reprogenética y que ha apoyado sus aplicaciones, ha mostrado, no obstante, su preocupación de que tales métodos podrían crear una sociedad profundamente dividida entre los que tienen acceso a tales tecnologías y los que no, si las reformas de carácter socialdemócrata continúan sin ir al paso del avance tecnológico.[76] Los críticos que expresan tales preocupaciones no aceptan necesariamente la tesis transhumanista de que la modificación genética sea un valor positivo; al parecer de algunos, debería ser desanimada, o incluso prohibida, puesto que dotaría de aún más poder a aquellos que ya son poderosos.
Estas críticas también son compartidas por los transhumanistas no-libertarios, especialmente los denominados transhumanistas democráticos en el seno de la WTA, que creen que los problemas sociales y ecológicos deben ser tratados mediante una combinación de reformas políticas y tecnológicas (tales como una renta básica universal o las energías alternativas). Por tanto, el bioético James Hughes, en su libro Citizen Cyborg: ¿Por qué las sociedades democráticas deben responder ante el hombre rediseñado del futuro? considera que los progresistas y en especial los tecno-progresistas deben formular y aplicar políticas públicas (tales como bonos de sanidad pública universal que cubran las tecnologías de perfeccionamiento humano) con el objetivo de atenuar la división causada por la disparidad en el acceso a las tecnologías emergentes, en lugar de sencillamente decidir prohibirlas. Esta última opción, argumenta, sería aún más peligrosa, pues podría agravar el problema, originando una situación en la que estas tecnologías solo estarían a disposición de los ricos, bien en el mercado negro o en países donde dicha prohibición no se aplicase.[77]
[editar] Críticas sobre las repercusiones en el orden social
Se han argumentado varios motivos por los que una sociedad que adoptase tecnologías de perfeccionamiento humano podría acercarse a la distopía descrita en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932). Ciertos autores, como Leon Kass, han mostrado su miedo a que las prácticas y las instituciones que consideramos fundamentales en una sociedad civilizada serían perjudicadas o destruidas.[78] En su libro de 2002 Our Posthuman Future, y en un artículo publicado en el 2004 en la revista Foreign Policy, el economista político y filósofo Francis Fukuyama se refiere al transhumanismo como una de las ideas más peligrosas del mundo puesto que, según él, podría minar los fundamentos igualitaristas de la democracia liberal a través de lo que llama la pérdida de un Factor X consustancial a la "naturaleza humana".[79] Por su parte, el filósofo social Jürgen Habermas usa un argumento similar en su libro de 2003 The Future of Human Nature, en el cual afirma que la autonomía moral depende de la no-dependencia de las decisiones unilaterales externas. Habermas afirma por tanto que la ética de la especie humana se socavaría mediante las modificaciones genéticas en el embrión.[80] Los críticos como Kass, Fukuyama, y varios autores cristianos mantienen la postura de que intentar modificar la biología humana no solo es intrínsecamente inmoral sino que supone una grave amenaza al orden social. En consecuencia afirman que la aplicación de dichas tecnologías llevaría a la naturalización de las jerarquías sociales o a facilitar nuevos métodos de control social en manos de regímenes totalitarios. El pionero de la inteligencia artificial Joseph Weizenbaum critica lo que considera tendencias misantrópicas en las ideas y en el lenguaje de algunos de sus colegas, en concreto en Marvin Minsky y Hans Moravec, que, al devaluar la importancia del organismo humano per se, apoyan un disurso que podría abrir el camino a políticas sociales segregantes o antidemocráticas.[81]
En un artículo publicado en el 2004 por la revista Reason, el libertario Ronald Bailey contestó los supuestos de Fukuyama argumentando que la igualdad política nunca ha estado basada en la biología humana. Afirma que el liberalismo no se asienta sobre la idea de la igualdad efectiva entre los seres humanos sino sobre la igualdad de derechos políticos ante la ley, constituyendo una igualdad de jure. Bailey indica que los efectos de la ingeniería genética bien podrían atenuar las desigualdades en lugar de exacerbarlas, poniendo a disposición de la mayoría lo que solía ser el privilegio de unos pocos. Desde este punto de vista, el liberalismo político constituye ya el marco para la solución de los derechos humanos o posthumanos, puesto que en tales sociedades la ley no distingue entre potenciales adquisitivos, educativos o genéticos.[4]
[editar] Críticas al peligro de deshumanización
Tanto el activista biopolítico Jeremy Rifkin como el biólogo Stuart Newman aceptan que la biotecnología tiene el poder de llevar a cambio profundas modificaciones en la identidad de los organismos. Sin embargo se oponen a la modificación genética de los humanos ante el temor de que se difumine la frontera entre el hombre y su creación.[82] [83] El filósofo Keekok Leeve considera tales cambios como producto de una acelerada modernización en la que la tecnología se ha usado para transformar lo natural en artefactual.[84] Llevado al extremo, esto podía llevar a la creación y esclavización de monstruos tales como clones humanos, quimeras y biorrobots. La posibilidad de llegar a tales escenarios ha provocado peticiones de una prohibición o moratoria indefinida internacional sobre la ingeniería genética en humanos.[85]
En la revista Reason, Ronald Bailey ha acusado a estas críticos de la investigación en animales de caer en el alarmismo cuando figuran que tales experimentos llevarán a la creación de criaturas subhumanas con una inteligencia o cerebro parecidos a los del ser humano. Bailey insiste en que el único objetivo de dichas investigaciones es lograr avances médicos.[86]
Una respuesta diferente procede de los teóricos de la personalidad, transhumanistas que objetan contra lo que consideran una antropomorfobia al estilo de lo que el escritor Isaac Asimov llamó el complejo de Frankenstein. Según su visión, cualquier clon humano, animal modificado o inteligencia artificial que demostrase ser autoconsciente, sería considerado una persona merecedora de respeto, dignidad y derechos de ciudadanía. Consecuentemente argumentan que el problema no estaría en la creación de supuestos monstruos, sino en el factor-repugnancia y en el especismo que juzgaría y trataría a tales seres como monstruosos.[18] [47]
[editar] Amenaza de un regreso a la eugenesia coercitiva
Algunos críticos al transhumanismo alegan que hay un sesgo en favor de los no discapacitados en conceptos como «limitaciones» y «mejora». Algunos incluso consideran las ideologías y los programas pasados de eugenesia coercitiva, darwinismo social y la búsqueda de una raza superior, como advertencias de lo que la aplicación de las tecnologías eugenésicas podría fomentar no intencionadamente. Algunos temen futuras guerras eugenésicas: el retorno a la discriminación genética promocionada por el estado, y violaciones de los derechos humanos tales como la esterilización obligatoria o incluso el asesinato de personas con defectos genéticos y, particularmente, la segregación racial y el genocidio de las «razas» percibidas como inferiores. El profesor de derecho sanitario George Annas y el profesor de derecho tecnológico Lori Andrews son dos críticos relevantes que sostienen que el empleo de estas tecnologías podría llevar a una guerra de castas entre humanos y posthumanos.[85] [87]
Durante la mayor parte de su historia, la eugenesia se ha manifestado como un movimiento para esterilizar contra su voluntad a los «incapacitados genéticamente» y fomentar la cría selectiva de los genéticamente aptos. Las principales organizaciones transhumanistas condenan fuertemente la coerción que involucran tales políticas así como rechazan las suposiciones racistas y clasistas en las que se basan, junto a las nociones pseudocientíficas de que se puedan lograr mejoras eugenésicas en un plazo razonable mediante la cría selectiva de humanos. La mayoría de los pensadores transhumanistas abogan en cambio por una «nueva eugenesia», una forma de eugenesia liberal igualitaria. En su libro de 2000 From Chance to Choice: Genetics and Justice, los expertos en bioética Allen Buchanan, Dan Brock, Norman Daniels y Daniel Wikler argumentan que las sociedades liberales tienen la obligación de fomentar la adopción de las tecnologías de mejora eugenésicas tanto como sea posible (en cuanto tales políticas no infrinjan los derechos reproductivos de los individuos o ejerzan presiones a los padres para que empleen estas tecnologías) para maximizar la salud pública y minimizar las desigualdades que pueden resultar de las dotes genéticas naturales y el acceso desigual a los mecanismos de perfeccionamiento genético. Los transhumanistas que sostienen estas opiniones se distancian sin embargo del término «eugenesia» (en favor del término «reprogenética») para evitar que su postura se confunda con las teorías y prácticas de los movimientos eugenésicos de principios del siglo XX.[88] [89] [90] [76]
[editar] Amenazas a la supervivencia del ser humano como especie
Impresionado por un párrafo del anarco-primitivista Manifiesto Unabomber escrito por Theodore Kaczynski (citado en La era de las máquinas espirituales de Kurzweil[8] ), el informático Bill Joy se convirtió en un firme crítico de las Tecnologías emergentes.[91] En su ensayo de 2000 titulado ¿Por qué el futuro no nos necesita? escribe que los humanos posiblemente acabarían asegurando su propia extinción desarrollando las tecnologías apoyadas por los transhumanistas. Menciona como ejemplo el escenario del goo gris en el que nanobots autorreplicantes fuera de control consumirían ecosistemas enteros dando como resultado una ecofagia global.[92] Las advertencias de Joy tuvieron eco entre grupos que apoyan un mayor control sobre el desarrollo tecnológico o bien se oponen al mismo. El activista Kalle Lasn, por ejemplo, participó en una parodia del Manifiesto Cyborg escrito en 1985 por Donna Haraway viendo en el mismo aspectos tecno-utópicos que por otra parte ella misma critica.[93] Lasn argumenta que debería renunciarse completamente al desarrollo de nuevas tecnologías puesto que sirven inevitablemente a los intereses de las corporaciones con devastadoras consecuencias sobre la sociedad y el medio ambiente.[94]
En su libro Nuestra hora final, el astrónomo real británico Martin Rees afirma que el avance científico-técnico traerá consigo tantos riesgos de desastre como oportunidades de progreso. En todo caso Rees no propone detener la investigación sino que reclama controles de seguridad más estrictos y tal vez limitaciones a la tradicional transparencia científica.[95] Partidarios del principio de precaución, como el movimiento ecologista, también defienden un progreso lento o un freno en ciertas áreas peligrosas. Algunos ven en la inteligencia artificial y en la robótica, formas alternativas de vida inteligente que podrían poner en peligro la supervivencia de la humanidad.[96]
Los transhumanistas no descartan restricciones concretas sobre las tecnologías emergentes que vayan encaminadas a minimizar el riesgo existencial, aunque por lo general consideran que las propuestas basadas en el principio de precaución son poco realistas o incluso contraproducentes. En la serie de televisión Connections, el historiador de la ciencia James Burke analiza varios puntos de vista sobre el cambio tecnológico, incluyendo el precaucionismo y el restriccionismo sobre la libre investigación. Burke pone en cuestión el pragmatismo de dichos enfoques, concluyendo que el mantenimiento del statu quo en la investigación y desarrollo supone también riesgos, como por ejemplo el agotamiento de los recursos naturales del planeta. La respuesta transhumanista habitual es la de apoyar que la sociedad tome medidas conscientes para alcanzar los beneficios de tecnologías limpias y seguras en lugar de anclarse en lo que consideran son posturas anti-científicas o tecnófobas.[97]
Una solución propuesta por el transhumanista Nick Bostrom es el desarrollo tecnológico diferencial en el que se intentaría influenciar el ritmo de desarrollo tecnológico, retrasando la aparición de tecnologías potencialmente peligrosas al tiempo que acelerando la consecución de las más beneficiosas y seguras, especialmente de aquellas que ofreciesen alguna protección contra los efectos adversos de las primeras.[39]
[editar] Referencias
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[editar] Bibliografía adicional
• Ballesteros, Jesús; Fernández Ruiz-Gálvez, María Encarnación (2007). Biotecnología y posthumanismo, Editorial Aranzadi. ISBN 978-84-8355-095-3.
- Postigo Solana, Elena, Transumanesimo e postumano: Principi teorici e implicazioni bioetiche, Medicina e Morale. Rivista Internazionale di Deontologia e Bioetica, 2009/2: 267-282. (El artículo contiene numerosas referencias bibliograficas. Esta nota ha sido añadida por la autora. El artículo fue elaborado tras una estancia de investigación en la Universidad de Oxford y en contacto con el Prof. Nick Bostrom, uno de los máximos exponentes y teóricos del transhumanismo, Director del Future of Humanity Institute).
- Negro, Dalmacio, El mito del hombre nuevo, Editorial Encuentro, Madrid 2009.
[editar] Véase también
• Ingeniería genética humana
• Reprogenética
• Bioética
[editar] Enlaces externos
• Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Transhumanismo. Commons
• Transhumanism.org Página de la Asociación Transhumanista Mundial (en inglés)
• Transhumanismo.org Página de la Asociación Transhumanista Mundial (en español)
• Artículo de Fukuyama en Foreign Policy
• Entrevista a los cofundadores de la Asociación Transhumanista Mundial
• Institute for Ethics and Emerging Technologies
• Center for Genetics and Society
• Instituto Extrópico (en inglés)
• Instituto Eudoxa (en inglés y español)
• WorldWatch Publicación ecologista que se ha mostrado contraria a las ideas transhumanistas
• Artificial General Intelligence Research Institute
• Centro para una nanotecnología responsable (inglés)
• Cryonics Institute
• Foresight Nanotech Institute
• Genetics & Public Policy Center
• Immortality Institute
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De Wikipedia, la enciclopedia libre
Posthumanismo
El término posthumanismo es utilizado, por una parte, como forma de designar las corrientes de pensamiento que aspiran a una superación del humanismo en el sentido de las ideas y las imágenes provenientes del Renacimiento clásico. Así se pretende actualizar dichas concepciones al siglo XXI implicando frecuentemente una asunción de las limitaciones de la inteligencia humana.
Otro uso del término posthumanismo es el que suele asimilarse como sinónimo del transhumanismo, designando un futurible estado en el que la especie humana es capaz de superar sus limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica (véase Ingeniería genética humana).
Posthumano o post-humano es un concepto notablemente originado en los campos de la ciencia ficción, futurología, arte contemporáneo, y filosofía. Esos múltiples orígenes interactuantes han contribuido a la profunda confusión en torno a las similitudes y diferencias entre el posthumano del "posmodernismo" y el posthumano del "transhumanismo".
[editar] Bibliografía
• Ballesteros, Jesús; Fernández Ruiz-Gálvez, María Encarnación (2007). Biotecnología y posthumanismo, Editorial Aranzadi. ISBN 978-84-8355-095-3.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Posthumanismo"
Categorías: Doctrinas filosóficas | Transhumanismo
Versión acostumbrada del Humanismo
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Humanismo
Ariel R. Barreras Enrich, le invita a visitar www.humanismoyetica.blogspot.com donde hay una exposición diferente del Humanismo en el libro “Humanismo: Política del Presente, Ética del Futuro.”
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Este artículo trata sobre el movimiento cultural de recuperación de la cultura clásica ligado al Renacimiento. Para otros usos de este término, véase Humanismo (desambiguación).
Con humanistas como Lorenzo Valla, quien en su De elegantia linguae latinae escribe una gramática del latín clásico de base científica, y otros intelectuales del Renacimiento, comienza la filología moderna y se redescubre la antigüedad grecolatina.
El humanismo es un movimiento intelectual, filológico, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en la península Itálica (especialmente en Florencia, Roma y Venecia) en personalidades como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. Buscan la Antigüedad Clásica y retoma el antiguo humanismo griego del siglo de oro y mantiene su hegemonía en buena parte de Europa hasta fines del siglo XVI, cuando se fue transformando y diversificando a merced de los cambios espirituales provocados por la evolución social e ideológica de Europa, fundamentalmente al coludir con los principios propugnados por las reformas (luterana, calvinista, etc.), la Contrarreforma católica, la Ilustración y la Revolución francesa del siglo XVIII. El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo así mismo una estética impresa paralela, plasmada, por ejemplo, en un nuevo tipo de letra, la redonda conocida como letra humanística, imitada de la letra uncial latina antigua, que vino a sustituir poco a poco a la letra gótica medieval.
La expresión studia humanitatis fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero en él el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.
El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el pobre latín tardío de los Santos Padres y el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas entonces buscadas en las bibliotecas monásticas y descubiertas entonces en los monasterios de todo el continente europeo. En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al trabajo de entre otros Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa. La labor estaba destinada a acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453. La segunda y local tarea fue buscar restos materiales de la Antigúedad Clásica en el segundo tercio del siglo XV,en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la Arquelogía, para conocer mejor la escultura y arquitectura. En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como humanista.
Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes: la llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Rotterdam.
Contenido
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• 1 Factores que favorecieron el humanismo
• 2 Rasgos del humanismo
• 3 Personalidades históricas
• 4 Véase también
• 5 Bibliografía
• 6 Enlaces externos
[editar] Factores que favorecieron el humanismo
Después de grandes debates y polémicas, a partir del siglo XV el movimiento humanista se vio favorecido por varios factores:
• La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio bizantino estaba siendo asediado por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego de Constantinopla, que enseñó griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la obra Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo Leonardo Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran escala, como también Ambrosio Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo muchos otros.
• La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico contra el magister dixit o argumento de autoridad medieval.
• La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli, (Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio Piccolomini, (Pío II) convierte a Roma en uno de los grandes focos del Humanismo.
• La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su aprecio por el saber antiguo, con su afán coleccionista o con la remuneración económica a los humanistas para que se establecieran o costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el desarrollo del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los acogían en sus palacios. Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médici de Florencia Lorenzo de Médicis, llamado el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia.
• La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda Europa.
[editar] Rasgos del humanismo
Algunos de los rasgos ideológicos del humanismo son, por ejemplo:
• Estudio filológico de las lenguas e interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.
• Creaciones artísticas basadas imitación o mímesis de los maestros de la civilización grecolatina.
• El antropocentrismo o consideración de que el hombre es importante, su inteligencia el valor superior, al servicio de la fe que le une con el Creador.
• Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes capaz de superar a los de la Antigüedad Clásica.
• Se vuelve a apreciar la fama como virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento y disfrute de lo sensorial.
• La razón humana adquiere valor supremo.
• En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento. En pintura, mediante la perspectiva, se unifica con un punto de fuga racional la escala antes expresionista de las figuras.
• Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano y al caballero que combina la espada con la pluma.
• Se ve como legítimo el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo), valores paganos que mejoran al hombre. Se razona el daño del pecado que reducen al hombre al compararlo con Dios y degradan su libertad y sus valores según la moral cristiana y la escolástica.
• El comercio no es pecado y el Calvinismo aprecia el éxito económico como señal de que Dios ha bendecido en la tierra a quien trabaja.
• El Pacifismo o irenismo: el odio por todo tipo de guerra.
• El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un sólo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.
• El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa: «El estilo que tengo me es natural y, sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación.» (Juan de Valdés).
• La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece (nobilitare).
• El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde en el siglo XVII con el Barroco.
• El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se desplaza de Dios al hombre.
• El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.
• La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa u obispo de Roma (Reforma o protestantismo).
• Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la vida, el amor y la belleza (Venus).
• Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos externa y material.
En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C. En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo). Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.
[editar] Personalidades históricas
Los autores más señeros de este movimiento fueron:
Marco Tulio Cicerón (106 a. C. -43 a. C.), por sus ideas está considerado el primer humanista de la historia, y aunque no se adscribe al movimiento, su influencia en el mismo es fundamental. Ante las guerras civiles que asolaban la República romana, reclamará la revalorización de la dignidad individual y la construcción de una moral pública.
Dante Alighieri (1265-1321), fue el primero en situar a la antigüedad en el centro de la vida cultural.
Francesco Petrarca (1304-1374), es conocido como el padre del humanismo. Fue el primero en señalar que para ser culto y adquirir verdadera humanidad, era indispensable el estudio de las lenguas y letras de los clásicos.
Giovanni Boccaccio (1313-1375), al igual que Petrarca, dedicó su vida al estudio de los clásicos, especialmente a los latinos, y realizó un importante compendio mitológico, la Genealogía de los dioses paganos.
Leonardo Bruni (1374-1444), a quien se debe un profundo impulso a la traducción de la literatura griega.
Leon Battista Alberti (1404-1472) Sacerdote, humanista y secretario personal de seis papas, Doctor en Derecho Canónico, físico, matemático y arquitecto.
Pico della Mirandola (1463-1494), quien probablemente haya sido el primero en utilizar la palabra humanista para referirse al nuevo movimiento. Fue el autor de un Diálogo sobre la dignidad del hombre.
Lorenzo Valla (1407-1457), fundador de la filología por su estudio de los poetas latinos y su proposición de una nueva gramática. Quizá su logro más conocido fue su descubrimiento, basado en pruebas filológicas, de la falsedad del documento medieval Donación de Constantino supuestamente redactado por este emperador, y por el que se otorgaban los territorios de la Italia central al cuidado del Papa romano.
Marsilio Ficino, que divulgó la filosofía de Platón por Europa.
Poggio Bracciolini, gran perseguidor de manuscritos por toda Europa; a él se debe principalmente la recuperación de numerosos escritos de Cicerón y de otros autores importantes como Lucrecio y la consideración del latín como una lengua viva y aún creativa.
Erasmo de Rotterdam (1469 - 1536), fue la gran figura intelectual en el debate entre católicos y protestantes y creador de una corriente personal dentro del humanismo de crítica del cristianismo medieval tradicional, el erasmismo, a través de sus Colloquia y diversos opúsculos.
Guillaume Budé (1467-1540), humanista francés que editó en su país numerosos autores clásicos grecolatinos junto a
Robert Estienne, labor comparable a la del impresor y humanista Aldo Manuzio en Italia.
Giulio Cesare Scaligero, gran filólogo y preconizador de la imitatio ciceroniana frente a la imitatio ecléctica de Erasmo de Rotterdam.
Pierre de la Ramée (1515-1572), más conocido como Petrus Ramus, líder de la principal corriente antiaristotélica del Humanismo.
Tomás Moro (1478-1535), humanista inglés autor de un escrito satírico que sirvió de modelo a otros muchos, la Utopía, y se enfrentó en defensa de sus ideas al rey Enrique VIII.
Juan Luis Vives (1492-1540), amigo de Erasmo y de Tomás Moro, el primero en tratar la psicología como disciplina científica y con contribuciones originales en todo tipo de materias.
Antonio de Nebrija, que logró renovar los métodos de enseñanza de las lenguas clásicas en España.
Michel de Montaigne, quien vertió a la lengua vulgar lo más selecto del pensamiento grecolatino creando el género del ensayo, típicamente humanista...
Todos estos y muchos otros, como Giovanni Pontano o Angelo Poliziano crearon el espíritu de una nueva época, el Renacimiento, que se expandió a través del invento de la imprenta y las magníficas ediciones de clásicos del impresor Aldo Manuzio y sus hijos y discípulos. El humanismo, como uno de los fundamentos ideológicos del Renacimiento, suponía una evidente ruptura con la idea de religión única que se manejaba hasta entonces en la que Dios era el centro y la razón de todas las cosas. Con el Humanismo, Dios no perdía su papel predominante, pero se situaba en un plano diferente, y ya no era la respuesta a todos los problemas. Probablemente el autor que supo aunar mejor que ninguno la filosofía Humanística con el pensamiento cristiano fuera Erasmo de Rotterdam
[editar] Véase también
• Humanismo secular
• Humanismo en España
• Ciencia y sociedad
• Escuela de Salamanca
• Neoplatonismo
• Filosofía Natural en la Edad Moderna
• Renacimiento
• Ilustración
• Transhumanismo
• Posthumanismo
[editar] Bibliografía
• Marcel Bataillon, Erasmo y España. (Fundamental) México: Fondo de Cultura Económica, 1996 (1966).
• Alan Bullock, La tradición humanista en Occidente. Madrid: Alianza Editorial, 1989 (1985).
• Jacob Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia. Madrid: Akal, 1982 (1860)
• Kenneth Clark, Civilización. Una visión personal. Madrid: Alianza Editorial, 1979 (1969).
• Henri de Dulac, El drama del humanismo ateo. Madrid: Encuentro, [2005] (1944).
• Antonio Fontán (2008). Príncipes y humanistas. Nebrija, Erasmo, Maquiavelo, Moro, Vives, Marcial Pons. ISBN 978-84-96467-79-8.
• Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte. Barcelona: Labor, 1979 (1957).
• Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura. México: Editorial Origen, 1984 (traducción recomendada).
• Santiago Sebastián, Arte y humanismo. Ediciones Cátedra, S.A. 1981 ISBN 84-376-0139-8
• VV. AA. Antología de humanistas españoles. Edición de Ana Martínez Tarancón. Madrid: Editora Nacional, 1980.
[editar] Enlaces externos
• The Philological Museum, an analitic bibliography of on line neo-latin texts
• Arte Historia - Contexto histórico, el Humanismo
• Historia del Humanismo en España
• Biblioteca Virtual del Humanismo Español
• Instituto de Estudios Humanísticos (IEH)
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Categorías: Doctrinas filosóficas | Filosofía renacentista
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Ariel R. Barreras Enrich, le invita a visitar www.humanismoyetica.blogspot.com donde hay una exposición diferente del Humanismo en el libro “Humanismo: Política del Presente, Ética del Futuro.”
Humanismo
Ariel R. Barreras Enrich, le invita a visitar www.humanismoyetica.blogspot.com donde hay una exposición diferente del Humanismo en el libro “Humanismo: Política del Presente, Ética del Futuro.”
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Este artículo trata sobre el movimiento cultural de recuperación de la cultura clásica ligado al Renacimiento. Para otros usos de este término, véase Humanismo (desambiguación).
Con humanistas como Lorenzo Valla, quien en su De elegantia linguae latinae escribe una gramática del latín clásico de base científica, y otros intelectuales del Renacimiento, comienza la filología moderna y se redescubre la antigüedad grecolatina.
El humanismo es un movimiento intelectual, filológico, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en la península Itálica (especialmente en Florencia, Roma y Venecia) en personalidades como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. Buscan la Antigüedad Clásica y retoma el antiguo humanismo griego del siglo de oro y mantiene su hegemonía en buena parte de Europa hasta fines del siglo XVI, cuando se fue transformando y diversificando a merced de los cambios espirituales provocados por la evolución social e ideológica de Europa, fundamentalmente al coludir con los principios propugnados por las reformas (luterana, calvinista, etc.), la Contrarreforma católica, la Ilustración y la Revolución francesa del siglo XVIII. El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo así mismo una estética impresa paralela, plasmada, por ejemplo, en un nuevo tipo de letra, la redonda conocida como letra humanística, imitada de la letra uncial latina antigua, que vino a sustituir poco a poco a la letra gótica medieval.
La expresión studia humanitatis fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero en él el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.
El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el pobre latín tardío de los Santos Padres y el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas entonces buscadas en las bibliotecas monásticas y descubiertas entonces en los monasterios de todo el continente europeo. En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al trabajo de entre otros Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa. La labor estaba destinada a acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453. La segunda y local tarea fue buscar restos materiales de la Antigúedad Clásica en el segundo tercio del siglo XV,en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la Arquelogía, para conocer mejor la escultura y arquitectura. En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como humanista.
Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes: la llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Rotterdam.
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• 1 Factores que favorecieron el humanismo
• 2 Rasgos del humanismo
• 3 Personalidades históricas
• 4 Véase también
• 5 Bibliografía
• 6 Enlaces externos
[editar] Factores que favorecieron el humanismo
Después de grandes debates y polémicas, a partir del siglo XV el movimiento humanista se vio favorecido por varios factores:
• La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio bizantino estaba siendo asediado por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego de Constantinopla, que enseñó griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la obra Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo Leonardo Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran escala, como también Ambrosio Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo muchos otros.
• La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico contra el magister dixit o argumento de autoridad medieval.
• La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli, (Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio Piccolomini, (Pío II) convierte a Roma en uno de los grandes focos del Humanismo.
• La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su aprecio por el saber antiguo, con su afán coleccionista o con la remuneración económica a los humanistas para que se establecieran o costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el desarrollo del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los acogían en sus palacios. Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médici de Florencia Lorenzo de Médicis, llamado el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia.
• La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda Europa.
[editar] Rasgos del humanismo
Algunos de los rasgos ideológicos del humanismo son, por ejemplo:
• Estudio filológico de las lenguas e interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.
• Creaciones artísticas basadas imitación o mímesis de los maestros de la civilización grecolatina.
• El antropocentrismo o consideración de que el hombre es importante, su inteligencia el valor superior, al servicio de la fe que le une con el Creador.
• Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes capaz de superar a los de la Antigüedad Clásica.
• Se vuelve a apreciar la fama como virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento y disfrute de lo sensorial.
• La razón humana adquiere valor supremo.
• En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento. En pintura, mediante la perspectiva, se unifica con un punto de fuga racional la escala antes expresionista de las figuras.
• Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano y al caballero que combina la espada con la pluma.
• Se ve como legítimo el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo), valores paganos que mejoran al hombre. Se razona el daño del pecado que reducen al hombre al compararlo con Dios y degradan su libertad y sus valores según la moral cristiana y la escolástica.
• El comercio no es pecado y el Calvinismo aprecia el éxito económico como señal de que Dios ha bendecido en la tierra a quien trabaja.
• El Pacifismo o irenismo: el odio por todo tipo de guerra.
• El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un sólo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.
• El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa: «El estilo que tengo me es natural y, sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación.» (Juan de Valdés).
• La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece (nobilitare).
• El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde en el siglo XVII con el Barroco.
• El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se desplaza de Dios al hombre.
• El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.
• La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa u obispo de Roma (Reforma o protestantismo).
• Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la vida, el amor y la belleza (Venus).
• Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos externa y material.
En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C. En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo). Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.
[editar] Personalidades históricas
Los autores más señeros de este movimiento fueron:
Marco Tulio Cicerón (106 a. C. -43 a. C.), por sus ideas está considerado el primer humanista de la historia, y aunque no se adscribe al movimiento, su influencia en el mismo es fundamental. Ante las guerras civiles que asolaban la República romana, reclamará la revalorización de la dignidad individual y la construcción de una moral pública.
Dante Alighieri (1265-1321), fue el primero en situar a la antigüedad en el centro de la vida cultural.
Francesco Petrarca (1304-1374), es conocido como el padre del humanismo. Fue el primero en señalar que para ser culto y adquirir verdadera humanidad, era indispensable el estudio de las lenguas y letras de los clásicos.
Giovanni Boccaccio (1313-1375), al igual que Petrarca, dedicó su vida al estudio de los clásicos, especialmente a los latinos, y realizó un importante compendio mitológico, la Genealogía de los dioses paganos.
Leonardo Bruni (1374-1444), a quien se debe un profundo impulso a la traducción de la literatura griega.
Leon Battista Alberti (1404-1472) Sacerdote, humanista y secretario personal de seis papas, Doctor en Derecho Canónico, físico, matemático y arquitecto.
Pico della Mirandola (1463-1494), quien probablemente haya sido el primero en utilizar la palabra humanista para referirse al nuevo movimiento. Fue el autor de un Diálogo sobre la dignidad del hombre.
Lorenzo Valla (1407-1457), fundador de la filología por su estudio de los poetas latinos y su proposición de una nueva gramática. Quizá su logro más conocido fue su descubrimiento, basado en pruebas filológicas, de la falsedad del documento medieval Donación de Constantino supuestamente redactado por este emperador, y por el que se otorgaban los territorios de la Italia central al cuidado del Papa romano.
Marsilio Ficino, que divulgó la filosofía de Platón por Europa.
Poggio Bracciolini, gran perseguidor de manuscritos por toda Europa; a él se debe principalmente la recuperación de numerosos escritos de Cicerón y de otros autores importantes como Lucrecio y la consideración del latín como una lengua viva y aún creativa.
Erasmo de Rotterdam (1469 - 1536), fue la gran figura intelectual en el debate entre católicos y protestantes y creador de una corriente personal dentro del humanismo de crítica del cristianismo medieval tradicional, el erasmismo, a través de sus Colloquia y diversos opúsculos.
Guillaume Budé (1467-1540), humanista francés que editó en su país numerosos autores clásicos grecolatinos junto a
Robert Estienne, labor comparable a la del impresor y humanista Aldo Manuzio en Italia.
Giulio Cesare Scaligero, gran filólogo y preconizador de la imitatio ciceroniana frente a la imitatio ecléctica de Erasmo de Rotterdam.
Pierre de la Ramée (1515-1572), más conocido como Petrus Ramus, líder de la principal corriente antiaristotélica del Humanismo.
Tomás Moro (1478-1535), humanista inglés autor de un escrito satírico que sirvió de modelo a otros muchos, la Utopía, y se enfrentó en defensa de sus ideas al rey Enrique VIII.
Juan Luis Vives (1492-1540), amigo de Erasmo y de Tomás Moro, el primero en tratar la psicología como disciplina científica y con contribuciones originales en todo tipo de materias.
Antonio de Nebrija, que logró renovar los métodos de enseñanza de las lenguas clásicas en España.
Michel de Montaigne, quien vertió a la lengua vulgar lo más selecto del pensamiento grecolatino creando el género del ensayo, típicamente humanista...
Todos estos y muchos otros, como Giovanni Pontano o Angelo Poliziano crearon el espíritu de una nueva época, el Renacimiento, que se expandió a través del invento de la imprenta y las magníficas ediciones de clásicos del impresor Aldo Manuzio y sus hijos y discípulos. El humanismo, como uno de los fundamentos ideológicos del Renacimiento, suponía una evidente ruptura con la idea de religión única que se manejaba hasta entonces en la que Dios era el centro y la razón de todas las cosas. Con el Humanismo, Dios no perdía su papel predominante, pero se situaba en un plano diferente, y ya no era la respuesta a todos los problemas. Probablemente el autor que supo aunar mejor que ninguno la filosofía Humanística con el pensamiento cristiano fuera Erasmo de Rotterdam
[editar] Véase también
• Humanismo secular
• Humanismo en España
• Ciencia y sociedad
• Escuela de Salamanca
• Neoplatonismo
• Filosofía Natural en la Edad Moderna
• Renacimiento
• Ilustración
• Transhumanismo
• Posthumanismo
[editar] Bibliografía
• Marcel Bataillon, Erasmo y España. (Fundamental) México: Fondo de Cultura Económica, 1996 (1966).
• Alan Bullock, La tradición humanista en Occidente. Madrid: Alianza Editorial, 1989 (1985).
• Jacob Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia. Madrid: Akal, 1982 (1860)
• Kenneth Clark, Civilización. Una visión personal. Madrid: Alianza Editorial, 1979 (1969).
• Henri de Dulac, El drama del humanismo ateo. Madrid: Encuentro, [2005] (1944).
• Antonio Fontán (2008). Príncipes y humanistas. Nebrija, Erasmo, Maquiavelo, Moro, Vives, Marcial Pons. ISBN 978-84-96467-79-8.
• Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte. Barcelona: Labor, 1979 (1957).
• Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura. México: Editorial Origen, 1984 (traducción recomendada).
• Santiago Sebastián, Arte y humanismo. Ediciones Cátedra, S.A. 1981 ISBN 84-376-0139-8
• VV. AA. Antología de humanistas españoles. Edición de Ana Martínez Tarancón. Madrid: Editora Nacional, 1980.
[editar] Enlaces externos
• The Philological Museum, an analitic bibliography of on line neo-latin texts
• Arte Historia - Contexto histórico, el Humanismo
• Historia del Humanismo en España
• Biblioteca Virtual del Humanismo Español
• Instituto de Estudios Humanísticos (IEH)
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Humanismo"
Categorías: Doctrinas filosóficas | Filosofía renacentista
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Ariel R. Barreras Enrich, le invita a visitar www.humanismoyetica.blogspot.com donde hay una exposición diferente del Humanismo en el libro “Humanismo: Política del Presente, Ética del Futuro.”
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